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Cosa de dos

Salvajes

En los aledaños de Hyde Park se levanta el monumento al burro desconocido. No hay pebetero encendido, aunque sí una hermosa placa que detalla su heroísmo por dar la vida acarreando material en las guerras que les organizamos.

En la convivencia de hombres y animales es difícil hallar una actividad donde la especie humana no salga perjudicada. Sólo encuentro una, los encierros de San Fermín, tildados de salvajes cada vez que hay una tragedia (desde ya mismo doy por recibidas las cartas de asociaciones de animales o las prosanfermineras, en este capítulo ostento el récord de ser declarado persona non grata en Pamplona con los votos del PP y HB). Insisto: no hay espectáculo o actividad -del periquito enjaulado a la bostezante doma hípica- que respete tanto al animal como los encierros de Pamplona. Aquí, para sus gentes y sus leyes, el toro es sagrado. Al toro ni se le hiere, ni se le toca, ni se le llama -salvo casos de autodefensa-, so pena de multa o prisión.

Tradicionalmente, el respeto popular se extendió a los medios de comunicación, que, hasta hace unas décadas, por norma no entrevistaban a los corredores. Empezaron con la llegada de la televisión, pero ni el periodista les trataba como héroes ni el mozo alardeaba de tal. Desde hace pocos años, La 1 y la Cuatro compiten en la retransmisión de este espectáculo sin par y, pese al costoso despliegue técnico y personal, mantienen la actitud impecable de cada uno de sus comentaristas.

Antes y después del encierro, las cámaras desmenuzan la carrera con un fin didáctico y divulgativo. Nos enseñan la sorda pelea entre los mozos por hacerse sitio ante las astas o la callada labor de los pastores; sus periodistas nos explican ritos y mitos de este espectáculo voluntario, abierto, en gran parte anónimo y, con todas las excepciones que se quiera, ejemplar. En un ejercicio máximo de respeto, y de dejación de funciones, los comentaristas incluso han optado por callar mientras los mozos se juegan la vida con los animales. Algo insólito en un mundo de realities y de lucha salvaje, sí salvaje, por la audiencia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 13 de julio de 2009