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"Llevaba los encierros en la sangre"

Los amigos de Daniel Jimeno recuerdan que era un corredor experimentado - El mozo muerto en San Fermín se ponía delante de los toros siempre que podía

Alcalá de Henares

En uno de los barrios humildes de Alcalá de Henares, las sonrisas convivían ayer con los ojos llorosos cuando se hablaba de Daniel Jimeno. Los amigos que recordaban a este joven de 27 años, corneado mortalmente en el encierro de los sanfermines de ayer, no podían dejar que se le escapase una mueca de alegría cuando explicaban que "se reía tanto que tenía marcados permanentemente dos hoyuelos en la cara". Pero pronto se ponen serios: "Dani no era el típico borracho que se coloca delante de un toro a lo loco. Es un corredor muy experimentado que se preparaba a conciencia los encierros. Eran su pasión". Mezclan presente con pasado para hablar de él. Todavía no se hacen a la idea de lo que ha pasado.

Sus rasgos aniñados le valían el apodo de El Nenuco

Llevaba seis años con su novia. Planeaba comprar un piso

Su cuerpo permanecerá toda la tarde de hoy en el tanatorio del pueblo

El barrio humilde es el de Puerta de Madrid, una agrupación de pequeños edificios de cuatro plantas y ladrillo visto que desde hace algo más de 30 años deja ver su alma obrera desde lejos al Oeste de esta ciudad de 203.645 habitantes. Desde por la mañana, con los 40 grados centígrados marcados en el termómetro luminoso que hay a sólo unos metros, la mayoría de los amigos de la infancia de Daniel hicieron un corrillo muy cerca de su calle de toda la vida, Pablo Coronel, para hablar de él y para dejar claro a todo el que les preguntase cualquier pormenor de su vida. "No hay nada que ocultar, sabemos que suena a tópico, pero era muy buen chaval; un tío sano".

Este buen chaval tenía una pasión: los toros. Hijo y nieto de pamplonicas, lo llevaba en la sangre. Corría en todos los encierros que podía y desde hace años acudía también a San Fermín cada mes de julio, según cuentan sus amigos. Por eso todos aseguran que era plenamente consciente de lo que hacía cuando se ponía delante de los toros. "El día antes de correr se acostaba temprano. Al levantarse se tomaba un buen desayuno, unos huevos fritos con patatas y se preparaba a correr", relataba Javier, uno de sus amigos de la infancia. "Y era tan estricto que si un día se acostaba más tarde de la cuenta o bebía algo, al día siguiente no participaba en el encierro", añade.

Cada vez que tenía un hueco y se le presentaba la ocasión, Daniel se escapaba a las fiestas de los pueblos de la Comunidad de Madrid para correr en sus encierros. Desde niño había estado en San Sebastián de los Reyes o en Colmenarejo. Lo disfrutaba como nadie. "Ha sido pura mala suerte, es la última persona que uno se puede imaginar que va a ser cogido. Además, con una cornada en el cuello; muy mala suerte", balbuceaba uno de los miembros de la peña a la que pertenecía. Era una asociación sociocultural, la Puerta de Alcalá, que participa en todas las fiestas del pueblo con casetas, hace visitas a mayores en los hospitales, regalan juguetes, disfrazados de Reyes Magos, a los niños durante Navidad y organizan todo tipo de actividades. Dentro de la peña, todos dicen que Dani "era el alma de la fiesta". En todos los festejos hacía de pinchadiscos. "Le gustaba todo tipo de música, desde el pachangueo que esté de moda en ese momento al tecno. Lo que realmente le encantaba era animar a la gente a su alrededor, que todo el mundo bailase y lo pasase bien cuando él pinchaba", explicaba Sergio Rodríguez, que junto a su mujer presiden la peña, de la que Dani era vocal en la junta directiva.

Todos los miembros de la peña Puerta Alcalá, a la que pertenecía Daniel Jimeno, el hombre que murió ayer tras ser empitonado en el cuarto encierro de los Sanfermines, se enfundaron ayer sus camisas azules y blancas para acudir a una concentración silenciosa en la plaza principal de la ciudad, la de Cervantes. Allí, a las ocho de la tarde, se reunieron junto a unas 300 personas, entre las que había vecinos y miembros de varias peñas de Alcalá. Antes de romper en un aplauso, guardaron cinco minutos de silencio frente a la puerta del Ayuntamiento para recordar a El Nenuco.

Le llamaban así porque siempre tuvo cara de niño. Cuando hablan de sus facciones, todos los amigos que se reunieron ayer junto a su calle dicen al unísono que era un ligón: "Se llevaba siempre a las más guapas y nosotros nos teníamos que conformar con las amigas feas. Siempre tuvo mucho éxito con las mujeres".

Pero los amigos también reconocen que ya hacía tiempo que El Nenuco había dejado de ligar en los bares. Llevaba seis años con su novia y una de sus ilusiones era comprar un piso para irse a vivir juntos. De momento seguía con sus padres, en su piso de toda la vida de la calle de Pablo Coronel, cerca del colegio Cardenal Cisneros, donde había acudido de pequeño. "En su casa, la novia se había convertido en una más de la familia; no vivía permanentemente con ellos, pero casi", explica Sergio.

Para conseguir dinero y lograr esa emancipación que ambos soñaban, Daniel trabajaba en La Guardia, un almacén de elementos y recambios de fontanería que hay a las afueras del Alcalá de Henares. "Todos allí estaban destrozados", cuentan los que hablaron con sus compañeros. Su novia es empleada de una tienda de telefonía. "La verdad es que no tenían una fecha concreta para irse, pero su idea era esa desde hace bastante tiempo y si no fuese por esa cornada, lo habrían hecho tarde o temprano", explica Javier.

Son en esos momentos, cuando recuerdan su vida con la novia, su pasión por los toros o sus bromas, cuando sus colegas sueltan una sonrisa nostálgica. "Iba para humorista", dice uno de ellos, "un tío súper gracioso". Inmediatamente pasan a relatar su otra pasión. Después de los toros iba el deporte. Les gustaban prácticamente todos. Pero le ponía especial pasión al fútbol y al snowboard. Con el balompié acababa de terminar segundo con el equipo de la peña en la liga de Azuqueca de Henares. "Defendía muy bien", asegura su compañero en la zaga del Puerta Alcalá. Dentro de una semana estaba previsto un torneo en Valencia con el equipo de La Guardia. En su otro deporte, el snow, "era un tío habilidoso, sabía moverse, como en los encierros", explican varios de sus compañeros de peña. Repetían una y otra vez en la concentración de la plaza de Cervantes su mala suerte, su experiencia en esos lances, su pasión por correr, cómo se lo tomaba tan en serio como si fuese un profesional. A esa hora, a las ocho de la tarde, cuando llevaban todo el día hablando de Dani, recordando sus anécdotas, su pasión por un buen plato de caracoles, respondiendo a periodistas y curiosos, las muecas de sonrisa eran cada vez menores.

En muchos de ellos se abrían paso directamente las lágrimas desconsoladas. "Aquí están todos sus amigos. Era el que más tenía, el que más gente conocía porque siempre fue muy simpático. Los que estábamos antes junto a su calle éramos sólo unos cuantos que nos habíamos criado con él", repetía otro de sus amigos de la infancia con unas gafas de sol que le tapaban las lágrimas.

Mientras esto sucedía, la familia, incluida la novia, regresaba de Pamplona, de casa de la abuela, donde solían pasar temporadas y adonde habían acudido a disfrutar de los encierros de los Sanfermines.

En el pueblo los esperaban ayer para darles cariño. El Ayuntamiento se prestó desde por la mañana temprano, cuando se conoció la noticia, a ayudarles en todo lo que sea posible. Y visto lo visto ayer en la plaza de Cervantes, también lo harán hoy los vecinos en el tanatorio de Alcalá de Henares, donde sus restos permanecerán desde las dos y media de la tarde hasta la noche.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 11 de julio de 2009