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GREC 2009

Estremecedor 'Inferno' en el anfiteatro

Si Dante imaginó el infierno como una enorme fosa cónica en forma de anfiteatro, el del Grec ha debido ser para Romeo Castellucci, director de la trilogía libremente inspirada en la Divina Comedia, una de las mejores plazas posibles para su personal puesta en escena. Para el espectador, su Inferno (Purgatorio, terrible historia sobre pederastia, y Paradiso, una instalación, se representan respectivamente en el Lliure a partir del domingo y en La Capella desde hoy) ha proporcionado al menos una de las imágenes más impresionantes que puedan recordarse en el escenario más veraniego de la ciudad. Y es de las primeras: un individuo escala el muro que cierra el anfiteatro hasta arriba de todo y sigue trepando por los árboles del bosque que lo cubre hasta la cima del ciprés más alto. Desde allí deja caer una pelota de baloncesto al escenario. Hay más escenas impactantes, perturbadoras, incluso conmovedoras. De hecho, la Societas Raffaello Sanzio, de la que Castellucci es fundador, siempre se ha distinguido por una concepción predominantemente visual y plástica del teatro. Y este Inferno está plagado. Otra cosa es el sentido que algunas de esas imágenes puedan tener en relación con la obra de Dante. De ahí que ante sus montajes las opiniones suelan dividirse y la reacción final vaya del "bravo" en pie a la estupefacción más inmóvil.

Hay escenas que sí nos remiten a referencias y episodios concretos del Inferno: el bosque o selva salvaje que simboliza la vida pecaminosa por la que trepa nuestro pecador, los perros que atacan al propio Castellucci, aunque no sean de caza ni aparezca ninguna loba; la pecera en la que juegan unos niños y que sugiere un limbo a lo chiqui-park. Ya cuesta más encontrar un sentido al personaje de Andy Warhol que cada tanto nos ciega con el flash de su polaroid. ¿Homenaje a su obra, que aparece listada sobre el muro, o más bien está mandando al rey del pop-art al infierno? Lo mismo ocurre con el piano en llamas, o con el coche abollado y calcinado que aparece al final. ¿Acaso el infierno está en las gradas y los pecadores somos nosotros al descubrirse el espejo de la pecera? Los nombres de los integrantes de la compañía desaparecidos en los últimos años que aparecen también sobre el muro nos indican que tal vez se trate de un Inferno muy particular. Así es que no creo que tenga mucho sentido ponerse a buscar interpretaciones sobre lo que Castellucci, los actores y los figurantes barceloneses que se añaden a "la perdida gente" (una cincuentena, en total) nos ofrecen sobre el escenario. Lo suyo es dejarse llevar y quedarse con las sensaciones que provoca la fuerza de las imágenes y del sonido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 1 de julio de 2009