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El sueño de la NBA

Ir a Nueva York, que el mandamás David Stern pronuncie tu nombre, encasquetarte la gorra del equipo de turno y triunfar en la NBA es lo que sueña cualquier chaval que empieza a jugar a baloncesto. Muchos no lo consiguen durante toda su vida. Ricky Rubio, paradigma de precocidad donde los haya, acaba de hacerlo realidad. El fenómeno de este chaval nacido hace 18 años en El Masnou (Barcelona) ya empieza a pasar a los anales. Fue el debutante más joven en la historia del baloncesto profesional español, con 14 años y 11 meses, y también el medallista olímpico más joven en la historia del baloncesto masculino mundial tras conquistar la medalla de plata con la selección española y dejar embelesados a los entrenadores, jugadores y ojeadores de Estados Unidos. Allí lo comparan con toda una leyenda como Pete Pistol Maravich, el máximo anotador en la historia del baloncesto universitario y un jugador que rompió moldes gracias a su dominio del balón y a su descaro en las décadas de los setenta y de los ochenta. Pero nada es tan sencillo como parece.

En el salto desde el trampolín que conduce a la NBA, Ricky Rubio se ha dado de bruces con al menos dos cuestiones descorazonadoras. Por una parte, ha tenido que enterarse de los peligros que supone firmar un contrato. Lo que un día parece positivo para todos, su club de toda la vida, el DKV Joventut de Badalona, su familia y sus representantes, con el paso del tiempo se convierte en motivo de discordia. Es una pena que un jugador de 18 años no pueda dedicarse a jugar sin tener que preocuparse de si su cláusula de rescisión de 4,7 millones de euros es abusiva o no o de si un juez zanja el litigio emprendido. Debido, todo hay que decirlo, a la carencia de una normativa que evite el expolio al que la NBA somete a los clubes europeos.

Por otra parte, en el Madison Square Garden, lugar donde se celebra el draft, Ricky y su familia vivieron los fastos de la NBA, pero también su cara más despiadada. Los jugadores cobran un potosí, pero están por completo sujetos a lo que digan los clubes. Ricky pensaba que iba a estar entre los cuatro primeros y acabó el quinto. Ya lo dijo una vez Pau Gasol, que de esto sabe un rato: "La NBA es despiadada".

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 27 de junio de 2009.

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