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Necrológica:

Manuel Collado Álvarez, director, actor y traductor

Compartió su vida y su carrera con Julia Gutiérrez Caba

El actor, director, empresario y traductor Manolo Collado Álvarez falleció el pasado 15 de junio en Madrid, aunque la noticia no trascendió hasta que su cuerpo fue incinerado, por deseo expreso de este hombre de teatro. Curiosamente, murió el mismo día y en la misma clínica, con tres horas de diferencia, que su amigo y compañero el actor Fernando Delgado. Además, sus capillas ardientes estuvieron separadas sólo por un tabique en el tanatorio madrileño donde fueron velados.

Nacido en Barcelona el 26 junio de 1921, era hijo del conocido actor Manuel Collado y de la bailarina María Esparza. De adolescente estudió teatro en Alemania con grandes directores y terminada la II Guerra Mundial, volvió a Madrid. Gracias a su perfecto dominio del alemán, tradujo importantes obras germanas, mientras trabajaba como actor y director. Se incorporó en su juventud a la compañía de Catalina Bárcena y tuvo su primer gran éxito con Las de Caín en el teatro Fontalba, de Madrid.

En la posguerra quiso, junto a un grupo de jóvenes intelectuales (como Catalina Martínez Sierra, hija de Catalina Bárcenas), convertir el local Alcalá 20 de Madrid en un teatro de vanguardia, pero no fueron autorizados: no reunía condiciones de seguridad, lo que se comprobó trágicamente décadas después con el incendio donde murieron decenas de jóvenes.

Formó parte más tarde de la compañía de Alberto Closas y, precisamente en el montaje de Edición especial, de Ben Hecht, conoció a Julia Gutiérrez Caba, con la que se casó en mayo de 1964 en Madrid. Desde entonces, su carrera estuvo muy ligada a la de esta gran actriz, con la que compartió su vida durante 45 años, escenario en múltiples ocasiones, y la dirigió en numerosos montajes.

Destacó como actor, entre otras muchas obras, en El sol en el hormiguero, de Antonio Gala, o El jardín de los cerezos, de Chéjov, bajo la dirección de William Leyton y José Carlos Plaza. Con este último hizo uno de sus últimos trabajos como actor con el papel de Polonio en Hamlet en 1987.

Dirigir a su esposa

Como director, entre sus éxitos estuvo Triángulo, de Gregorio Martínez Sierra, o La profesión de la señora Warren, de Bernard Shaw. Muchas de sus puestas en escena fueron para la compañía de Julia Gutiérrez Caba y también dirigió a sus cuñados Irene y Emilio.

En 1989 sufrió un infarto y casi se retiró de los escenarios, aunque siguió traduciendo y ayudando a su esposa en su carrera. Destacó como empresario y docente: transmitía muy bien su vasta sabiduría. Gran conocedor del teatro europeo del siglo XX, seguía de cerca los movimientos escénicos del Viejo Continente hasta hace escasas semanas.

Era querido, respetado y admirado en la profesión teatral, sobre todo tras trabajar con Alberto Closas o José Luis López Vázquez. "Como director era muy metódico y los actores nunca teníamos problemas con él. Sabía lo que quería y no era nada tirano, conocía las necesidades de los actores", señaló Emilio Gutiérrez Caba.

El crítico de teatro de EL PAÍS Eduardo Haro Tecglen, poco dado a los elogios, señaló de él que tenía la virtud de dejar que en la escena se viera lo que el texto decía: "Lo mejor de un director de escena es que no se note que existe". En 1983, tras el estreno de El día de gloria, de Francisco Ors, Haro escribió: "Tiene el áspero papel del marido tonto y cobarde, y sus cualidades de excelente actor de la escuela naturalista no pueden aprovecharse más".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 18 de junio de 2009