La avalancha de deuda pública acelera los tipos de interés a largo plazo

La rentabilidad a 10 años roza ya el 4% en EE UU y se acerca al 4,5% en España

¿Brotes verdes? Puede que sean sólo un eslogan político, pero el semanario The Economist publica un curioso índice que demuestra que los famosos brotes verdes colonizan, al menos, las páginas de los periódicos. El caso es que las Bolsas se recuperan y vuelve el apetito por el riesgo a medida que se mitiga el miedo de que la Gran Recesión actual se transforme en una Gran Depresión. Los inversores, que durante meses sólo se fiaban de la deuda pública, empiezan a inclinarse por otros activos justo en el peor momento para los Gobiernos: la escalada de déficit público en todo el mundo ha derivado en una avalancha de emisiones de deuda, que dispara los tipos de interés -el rendimiento de esos bonos- a largo plazo.

EE UU emite ya claras señales de alarma. Los rendimientos de la deuda norteamericana a 10 años llevan semanas subiendo a toda velocidad y rozan ya el 4%. La escalada es fenomenal: los bonos a 10 años terminaron 2008 en torno al 2% por la quiebra de Lehman Brothers, y han duplicado su rendimiento desde entonces.

Ese perfil es parecido en todo el mundo. Los bonos alemanes -el activo que se toma como referencia en Europa por la enorme confianza en la solvencia de Alemania- llevan semanas al alza y su rentabilidad se ha encaramado al 3,7%; Reino Unido paga ya esos activos por encima del 4%, y en España los tipos se acercan al 4,5% tras una subida vertiginosa desde finales de abril. Entre enero y mayo, España ha emitido ya tanta deuda como en todo el año pasado.

Daniel Gros, director del Centro de Estudios de Política Europea, aduce que esos movimientos "representan una normalización en los mercados". "Hasta hace poco los inversores desconfiaban de todo menos de la deuda pública. Ahora se encuentran con alternativas apetecibles y los bonos están entrando en zona peligrosa: hay un torrente de nuevas emisiones para financiar déficit públicos estratosféricos, y eso se traduce en las rentabilidades, como prima de riesgo", añade.

Ese riesgo tiene dos caras: "Algunos países están pagando más por la posibilidad de quiebra [como sucede en el Báltico]. Otros pagan una prima por la inflación futura a causa de las políticas anticrisis", explica Vicente Pallardó, del Observatorio de Economía Internacional de la Universidad de Valencia. "En ambos casos, se demuestra que era un gran error esa idea de que los Gobiernos pueden gastar ilimitadamente. Los menos prudentes lo van a pagar caro", sentencia.

El mercado de deuda es motivo de preocupación para algunos, pero otros ven un signo de esperanza. Hay más: el Fondo Monetario Internacional revisó ayer al alza -por primera vez desde el estallido de la crisis- sus previsiones de crecimiento mundial, que ascenderá al 2,4% en 2010. En Europa, la recuperación llegará a mediados del año próximo, afirmó el BCE. Pero la situación sigue siendo muy incierta. El Nobel Paul Krugman alertaba ayer de que algunos de los últimos datos -las exportaciones alemanas, los pedidos industriales japoneses- sorprenden una vez más en el lado negativo. La crisis va para largo. A pesar de los verdores.

Sobre la firma

Claudi Pérez

Director adjunto de EL PAÍS. Excorresponsal político y económico, exredactor jefe de política nacional, excorresponsal en Bruselas durante toda la crisis del euro y anteriormente especialista en asuntos económicos internacionales. Premio Salvador de Madariaga. Madrid, y antes Bruselas, y aún antes Barcelona.

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