Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:VIAJES

SÓLO TOKIO PUEDE CON TOKIO

Una tapa de pene de cerdo, una tienda de braguitas usadas o ir de ligoteo a un museo de parásitos. El ocio japonés, como ajeno a la globalización, reta la sensibilidad occidental.

Cada año, Japón atrae a un número cada vez mayor de españoles (unos 30.000 pisaron el país en 2007). La gran mayoría pasa por la capital, Tokio, una ciudad en la que el visitante se asombra hasta con los detalles más nimios y donde los propios locales están ya acostumbrados a descubrir cada semana rincones con nuevos y chocantes leitmotivs destinados a satisfacer alguna de las filias ?por extrañas que sean? de los más de ocho millones de habitantes de la zona centro. Por eso, en la ciudad hay mucho más que sushi en la famosa lonja de Tsukiji o electrónica en Akihabara; en esta alocada megalópolis se puede comer pene de cerdo a la parrilla en el barrio de Shinjuku, tomar café en un local que imita grotescamente a una iglesia católica o visitar una tienda burusera, aquéllas que venden lencería femenina previamente usada para satisfacer las particulares aficiones de muchos hombres tokiotas.

¡Una de pene!

En cualquier izakaya (taberna japonesa) es fácil encontrar pinchos de corazón (hatsu) o cartílagos (nankotsu). Pero cuando se trata de casquería extrema, Tokio está un paso más allá gracias al creciente éxito de los Horumon ryori, restaurantes que sirven cualquier parte imaginable de la vaca o el cerdo, desde la arteria aorta (hatsumoto) al recto (teppo). Dos de los más populares se encuentran en el sector 3 del céntrico barrio de Shinjuku. En el más concurrido, Shinjuku Horumon, un póster indicativo ayuda a elegir el órgano deseado y cada mesa cuenta con su propia estufita de carbón para brasear las especialidades de la casa; entre ellas, el sao, la popular punta del pene del cerdo. En el otro, Saisei Sakaba, hay mesitas para estar de pie y una carta que incluye sashimi de sesos o yudetan, lengua hervida a fuego lento durante un día.

Comprar bragas usadas

Después de que el Estado japonés prohibiera las célebres máquinas expendedoras de ropa interior femenina usada, la única manera de acercarse a esta peculiar filia, de la que participan muchos varones nipones, es visitar una tienda burusera (buru es ropa interior; sera es marinero, como el uniforme clásico de colegiala). Rope Burusera, en el distrito de Shibuya, vende ropa de escolar y gimnasta de segunda mano y bragas y sujetadores usados (supuestamente, por adultos, puesto que se prohibió vender mercancía de menores), empaquetados y acompañados de una foto de su antigua dueña luciendo las prendas en el interior de la tienda. Los artículos más caros, explica con parsimonia el dueño, están orinados. Y para dar fe de ello, en una cara del envoltorio se exhibe la foto de la ex propietaria aliviándose sobre la pieza en cuestión, y al otro, la mancha resultante.

Café, copa y el cuerpo de Cristo

De todos sus restaurantes temáticos, Christon Cafe es de los que más sorprenden al occidental. En sus dos establecimientos tokiotas (en los barrios de Shibuya y Shinjuku) se puede comer, cenar o tomar un café entre hornacinas con imágenes de vírgenes y santos, frescos de la creación, gárgolas, querubines, cortinajes de terciopelo y vidrieras multicolor. Kitsch eclesiástico sin límites que atrae a gothic lolitas, hombres y mujeres trajeados y a algún que otro cincuentón acompañado por una hueste de alocadas jovencitas. Además, sirven de escenario para el último grito japonés en lo que a bodas se refiere: casamientos al estilo cristiano (aunque sin rango oficial), en los que se contrata a un extranjero que se disfraza de cura o reverendo para que oficie el rito leyendo misa en latín y pose solemnemente en las fotos y vídeos del enlace.

'Manga', armas y porno extremo.

Junto a la estación JR de Nakano se halla Nakano Broadway, un añejo laberinto de pasillos cubiertos que acaba de cumplir 30 años. Aquí abrió su primera sucursal Mandarake, la tienda de manga y merchandising de segunda mano más importante. Aparte de la ingente cantidad de tebeos, figuritas, videojuegos y material descatalogado, encontrarás cualquier disfraz de cosplayer, sexshops donde el término hardcore se aplica en toda su extensión, réplicas de armas de fuego aderezadas con parafernalia paranoide-militar variada o juguetes estadounidenses fabricados en los cincuenta. Otro local de visita obligada es Tacoche (en la tercera planta, junto a una tienda de armas de pega), una librería con centenares de libros, manga y revistas de los setenta de espíritu naïf e indie, con contenidos de lo erótico a lo grotesco y, en ocasiones, a lo jocosamente enfermizo.

Un nidito de amor infestado de bichos

El Museo Parasitológico de Meguro es, por sorprendente que parezca, uno de los rincones predilectos de las jóvenes parejas tokiotas para citarse. Visitarlo es para muchos como ir a ver una película de terror, ya que aquí los chicos disfrutan confortando a sus novias, que suelen quedar espantadas al contemplar las fotos del anisakis en sus diversas fases, el gráfico que describe los efectos de la elefantiasis, la muestra de parásitos que se alojan en el cuerpo humano conservados en formol, un corazón de perro infestado de gusanos o la joya de la corona: una cestoda de casi nueve metros que se extrajo del intestino de un hombre que comió trucha marinada. A los que lo visiten les resultará tan interesante comprobar la exagerada susceptibilidad de muchas jóvenes niponas como admirar los peculiares fondos de este museo único en el mundo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de mayo de 2009

Más información