Reportaje:

Nueve años sin el Romántico

Defectos en la cubierta aplazan hasta septiembre la reapertura del museo

Aún no es posible. El Museo Romántico, compendio de la historia de la vida cotidiana española del siglo XIX, sigue cerrado al público desde el año 2000. Cuando todo indicaba que habían culminado las obras iniciadas en 2002 para la rehabilitación y restauración de sus 2.000 metros cuadrados expositivos, distribuidos en tres plantas, fallos en el retejado de la cubierta retrasan su reapertura. Santiago Palomero, director general de Museos Estatales del Ministerio de Cultura, apunta a finales del mes de septiembre, pero admite márgenes.

Tal retraso resulta inoportuno habida cuenta de que en este año se conmemora el bicentenario del nacimiento de Mariano José de Larra -emblema del romanticismo hispano-. El museo guarda pistolas de duelo, así como manuscritos del gran periodista y escritor que conservan el aura de su recuerdo. Entretanto, la fachada del Museo Romántico, afectada por los fallos en la cubierta, permanece andamiada; su gran portón con aldabas de hierro sólo admite, todavía, el tráfago de operarios con materiales de construcción. El edificio recibe ocasionalmente conciertos a los que el público accede por la fachada posterior del inmueble, versada hacia la calle de la Beneficencia.

La colección ocupa una casa palacio de 1779 en la calle de San Mateo
Los fondos reflejan el gran fenómeno histórico-cultural del siglo XIX
Ornamentos, tapices y cuadros explican la vida cotidiana de entonces

La dilación en las obras durante un septenio no obedeció al elevado monto, 152 millones de euros, de los recursos destinados por el ministerio de Cultura a la ampliación del Museo del Prado. Según explica Santiago Palomero, "obedeció más bien a que son muchos los museos estatales, regionales y provinciales de toda España en los que eran necesarias las reformas; claro está, los estatales atraen muchos recursos". Pero el director general de Museos Estatales matiza: "Hemos restaurado, estamos reformando y vamos a rehabilitar muchos otros provinciales y regionales a los que concedemos importancia; en Madrid, en el Museo Nacional del Romanticismo, que así se llamará, las obras han proseguido pese a haber hallado ahora dificultades en la cubierta que ya están en vías de ser subsanadas". Cultura presupuestó en 1.438.000 euros la rehabilitación de un museo cuyos fondos trazan un relato que funde fragmentos artísticos muy significativos de una época como la romántica, fusión imprescindible para conocer la historia contemporánea española.

Décadas antes, el crédito del museo se vio menguado por miradas dogmáticas que contemplaban cualquier manifestación cultural surgida en el siglo XIX bajo la lente de la sospecha. Y ello porque el Romanticismo trajo de la mano el liberalismo político y económico, tan denostado por dictadores y autócratas, así como los primeros brotes del nacionalismo democrático.

Con la transición, el museo cobró nuevos bríos por sus contenidos referidos a una etapa muy dinámica de la historia española y fue incluido en los circuitos turísticos y culturales de Madrid. Exposiciones, como una memorable dedicada a la muerte en el imaginario romántico, reconciliaron a madrileños y forasteros con el museo y comenzó a afluir el público. Pero, desde hace nueve años, la Administración acometió una reforma dilatada en el tiempo y el museo, instalado sobre un palacio proyectado en 1779 por Manuel Martín Rodríguez, entró en una barrena de la que quizás el 24 de septiembre, fecha prevista para su reinauguración, acabe de salir.

Las obras aplicadas desde hace siete años bajo diseño del arquitecto Ginés Sánchez Hevia según el proyecto museológico de Begoña Torres, directora del museo, lo acondicionaron para transformarlo en luminoso exponente de la proyección civil, la vida doméstica y la intimidad hogareña de la España decimonónica. La apuesta de Begoña Torres se propone el trazado de un nuevo relato "a base de componentes históricos y políticos de contexto para obtener la recreación cultural plena del ambiente romántico en una casa de la alta burguesía, con todo su aparato ornamental y sus espacios de género y rango diferenciados: desde el infantil al masculino -fumoir, despachos, billar, gabinetes-; el femenino -boudoir, salas de estar, coquetas- y el del servicio, que, en la época, quedaba orillado hacia los áticos o los sótanos".

Entre las mejoras incluidas en el que será futuro Museo Romántico destaca la reordenación de su circuito interior según un relato que pone en valor los riquísimos fondos ornamentales dispuestos en sus 26 estancias. Los espacios de grandes dimensiones, como el espléndido Salón de Baile -provisto de un piano Pleyel que perteneció a Isabel II, referencia femenina perenne a lo largo de todo el museo- y los comedores, saletas y dormitorios, han sido retapizados con sus lienzos originales cuando ha sido posible o, cuando no, con labores de nueva hechura, explica Torres. Pinturas de Vicente López, Antonio de Esquivel, Federico de Madrazo o Antonio Carnicero, más espléndidas series de dibujos de Leonardo Alenza, así como polícromos óleos del costumbrista Valeriano Bécquer, jalonan sus muros y trazan una narración plástica útil para comprender aquel movimiento vital que alentó a los mejores espíritus de su siglo.

Los fondos bibliográficos del futuro Museo Nacional del Romanticismo son deslumbrantes, con colecciones completas de primeras ediciones de precursores del Romanticismo tan difícilmente localizables en España como las de los alemanes Novalis y E. T. Hoffmann. El museo atesora todo un repertorio de objetos de moda en aquellos años, desde agendas de baile hasta abanicos, así como misales de casamiento, tarjeteros, polveras, pitilleras, cajitas de rapé, nácares y alabastros, además de vajillas. "Cada objeto, dentro del plan, informa de un aspecto de la organización de la vida cotidiana de entonces", dice la directora.

En el mobiliario destacan las marqueterías y ebanisterías, los divanes, damascos, sillerías y una variedad de chimeneas que informan cabalmente del aura íntima que envolvió los hogares de aquella época, moradas de individuos de ambos sexos signadas y escindidas entre el sentimiento apasionado, el progresismo político y el culto al pasado medieval, sublimados por un retador sentido de la libertad.

Todo ello ha pervivido por el primigenio esfuerzo del marqués de Vega-Inclán, prócer visionario que ideara en la segunda década del siglo XX las líneas maestras del turismo español, cuya primera oficina instaló en San Mateo, 13, sede del museo.

Fachada del futuro Museo Nacional del Romanticismo, en la calle de San Mateo
Fachada del futuro Museo Nacional del Romanticismo, en la calle de San MateoCARLOS ROSILLO

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 04 de mayo de 2009.

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