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ÁREA DE META | Vuelta de las semifinales de la Liga de Campeones

Ganar perdiendo

Creo que fue mi amigo Jorge Valdano el que elaboró el silogismo por primera vez de forma concreta y si hay algún otro padre para la idea ruego disculpe mi despiste. La frase era más a menos así: Esta derrota nos vendrá muy bien. Claro que para muchos de los que ocupaban las sillas de aquella sala de prensa y para muchos de los que leían y escuchaban la formulación de sus conclusiones tras una clara derrota había dos conceptos que nunca, nunca, deberían ir en la misma frase; a saber, derrota y bien: nunca caminan juntos. Les reconozco que soy el único habitante del planeta fútbol que no vio el clásico del sábado y puedo dar testimonio de que, en París, el tema del Madrid-Barça no era el principal en las portadas ni en los noticiarios, desplazado por los asuntos derivados del Primero de Mayo y por todo lo referente a esta nueva gripe que nos amenaza. Por tanto, no esperen ningún análisis del partido, pero, desde la ventaja de no sentirme contaminado por las fuertes emociones que se desparramaron antes, durante y después del contundente paso de los blaugrana por el feudo madridista, me permito el atrevimiento de compartir unas cuantas reflexiones.

La primera me lleva a una imagen del final del partido que he podido ver en alguno de los resúmenes de Canal + que se pasaron el día después del clásico. Una imagen fugaz, pero, para mí, muy significativa: un abrazo intenso, sentido, de Thierry Henry a Pep Guardiola, un abrazo que era un billete al mundo de las grandes estrellas del deporte a nivel planetario. Un certificado de grandeza en forma de unos enormes brazos que han celebrado Mundiales, Europeos, Premier Leagues..., y que estrujaban a su entrenador desde una mirada de iguales, de tipos grandes, curtidos en la batallas más arduas, las que muestran nuestras debilidades, nuestras fortalezas muchas veces de forma cruel, un rubicón superado con nota por Pep no en esos 90 minutos mágicos, sino en la magnífica gestión del reto a lo largo de los días previos. Nos contaba Ernesto Valverde (felicidades por el doblete del Olympiacos) algo tan humano como que los entrenadores dudan. Y a las dudas Pep ha respondido con un paso al frente. Volviendo a Valdano y a su colección de grandes frases: Ante la duda, coraje. Y sabiduría.

Una segunda reflexión que viene unida a la anterior: el respeto al estilo y, como paso previo, la creación de un estilo que refleje los valores de un club y de la sociedad a la que quiere representar. La derrota del sábado debe ser una excelente cancha de reflexión para los madridistas que entienden que no sólo importa el vencer, sino que el cómo es decisivo, y que entienden que para recoger y mostrar de forma exacta cuál es el ideario de un club, lo mejor, quienes sienten el asunto como propio: ahí aparecen los jugadores de la cantera. Por el Bernabéu pasó un equipo con un plan de juego que respondía de forma exacta a un estilo de fútbol, que se correspondía con precisión a unos valores universales representados por el gusto por lo bien hecho, por el sentido colectivo de la tarea, por ser reconocibles para los de fuera, pero sobre todo para ser reconocidos desde dentro, desde la intimidad del vestuario.

Por el Bernabéu pasó un hermoso plan de negocio en marcha, un plan director de empresa en acción, un hermoso reto que necesita del mejor Madrid para crecer juntos, para retarse desde el mayor desafío deportivo, desde el máximo respeto y exigencia, y porque todo ello será bueno para todos los que están en la misma Liga, una Liga grande, fuerte, poderosa y alegre, que viva de lo positivo. Por el Bernabéu pasó la mejor noticia para el futuro del Madrid en forma del resultado más doloroso. Un gran reto para un excepcional club.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 5 de mayo de 2009