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Que vengan los superhéroes

Los superhéroes han vuelto con fuerza a imponerse en la cultura de masas, pero donde de verdad hacen falta es en la realidad. Las cosas se están poniendo tan feas que, por mucho consuelo que se pueda encontrar en las viñetas de los libros o en las pantallas de los cines y la televisión, lo que urge son tipos a los que no les tiemble el pulso y arreglen este engorro.

Es indiscutible la fascinación que provocan esos superhéroes a los que todo les sale bien. En marzo, hubo alguien que se gastó en una subasta más de 105.000 euros por un ejemplar del primer cómic de Superman, que cuando se publicó, en junio de 1938, había costado 10 céntimos de dólar. Luego está El caballero oscuro, la cuarta entrega que el cine dedica a Batman: la película más taquillera de 2008. La adaptación cinematográfica de Watchmen, la revolucionaria novela gráfica de Alan Moore, levantó enormes expectativas y ha desatado polémicas apasionadas, y hay otro filme, Lobezno, los orígenes, que ha sido pirateado antes incluso de que se hubiera terminado. El furor es indiscutible.

Son fuertes, audaces, incluso inteligentes. Y hay quien entiende que los batmans y supermans de hoy son equivalentes a los héroes clásicos de la vieja Grecia. En los personajes que luchan en la guerra de Troya hay, sin embargo, un halo trágico que impide saber, cuando se enfrentan Aquiles y Héctor, quién es el bueno y quién el malo. Es verdad que algunos de los actuales superhéroes van teniendo una complejidad mayor, pero lo que se necesita ahora es que, con la misma simpleza y eficacia con la que (por ejemplo) Superman resolvía el mayor desastre natural o evitaba un terrible accidente en un pestañeo, vengan ya con sus superpoderes y resuelvan esta fatigosa crisis.

Algunos quizá piensen que esta sociedad es incompatible con el heroísmo: que los fuertes se hacen porteros de discoteca, que los audaces se van a los reality shows y que los inteligentes se disfrazan de listillos para ponerse a vender bonos basura. Pero no, no es bueno el escepticismo y a ninguna parte se va con ese ánimo tan descreído. Los superhéroes están ahí, sólo hace falta tener fe. Y los suficientes ahorrillos para sortear el tiempo que tardan sus superarreglos en hacer efecto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 19 de abril de 2009.

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