Cartas al director
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Plan para hoy: plan Bolonia

Contra las protestas escandalizadas de los universitarios que no quieren Bolonia, se ha dicho mucho, pero hay quien se queja de que no se ha dicho todo.

Mientras la policía hace la prueba del algodón en las fachadas de ciertos edificios en busca de pinturas, la Europa de las Letras y la Humanidad se manifiesta desde Córdoba hasta Verona, desde la Conchinchina hasta los confines del saber, pidiendo algo más que un monólogo sordo, que un dictado impuesto por uno sólo de los lados. "Se habla de antisistemas -dice un profesor barcelonés-, pero no somos nosotros quienes rompemos el sistema a golpes de porra".

Cuando yo era estudiante y nos echábamos a la calle con los pitos y las flautas, se nos pintaba igual de siniestros o fiesteros, pero lo más cierto es que estábamos convencidos de que la Universidad se asentaba sobre una piedra filosofal: sostener al hombre de nuestro tiempo contra las embestidas de la vida. No reivindicábamos ningún fruto de nuestra imaginación, sino mantener encendido el motor universitario que arrancó con la Edad Media.

Es exigible y justo el diálogo, porque esto es la Universidad: el punto de encuentro de dos generaciones, la que tiene madurez y tiene el mundo, y la que lo tendrá el día de mañana.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 17 de abril de 2009.

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