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Crítica:Nota de cata | Gastronomía

Unas uvas míticas

Son desconocidas y se llaman Furmit y Hárslevelü, pero si les digo Tokaj de Hungría ya sabrán que son las uvas que han hecho mítico a uno de los más grandes vinos del mundo. Por su suelo y especial microclima de otoños húmedos, la región Tokaj-Hegvalia (que significa pie de montaña) produce un vino de fuerte personalidad por su densidad en boca y exquisito equilibrio entre concentración de azúcares, elevada acidez, elegante amargor final y complejos aromas.

En esta región se creó en 1995 Tokaj Reinaissance, asociación de bodegas liderada por la española Oremus (Vega Sicilia), para el fomento y recuperación de la calidad de sus vinos. De todos los que se elaboran (secos, vendimias tardías, mandolás o szamorodni), los más famosos son los Tokaj Aszú, que hacen referencia a los granos de racimo afectados por la podredumbre noble y que se recolectan por separado a mano para llevarlos a la bodega. La concentración de uvas aszú se define por el número de puttony, medida de las cestas tradicionales con capacidad para 25 kilos, que se añaden a los göncí, barriles húngaros de 136 litros. Así, los puttony, de tres hasta seis, reflejan la concentración de azúcares del vino.

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Y como culmen, los Eszencia, exquisito néctar de uvas 100% aszú que llegan a permanecer más de cien años en botella. Pero Hungría, con 22 regiones vitivinícolas, elabora a la sombra de su joya nacional otros vinos interesantes. Zonas como Eger, Villány, Szekszárd o Badacsony hacen blancos secos y dulces con notas afrutadas, amieladas o minerales; tintos suaves o corpulentos, criados en barricas de roble nacional con variedades como Kadarka, Kékopotó, Kéknyelü o Cserszegi Füszeres. El vino húngaro es un mundo por descubrir, como su gastronomía.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de abril de 2009