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Análisis:A TOPE | Elecciones 1-M

Alibote, alibote

Lo mío es puro inconformismo, pero es que esperaba más de esta campaña: que fuera interesante, viva, apasionada... Pero ha pasado sin pena ni gloria. Ayer mismo, en puro día reflexivo, la dependienta de un comercio cerca de casa me dijo que ella no pensaba votar, y que no era porque no le interesara la política, noooo, sino porque no lo veía claro. Y cuando me devolvía los cambios me preguntó, como quien no quiere la cosa: "¿En estas qué se elige, alcalde o lehendakari?".

Hoy como es día de alibote, alibote..., vas a la cola de los votantes, a ejercer de ciudadana ejemplar, y te encuentras con las distintas especies de homo democratis. Están los satisfechos, los que cuando van a votar parece que tienen una cámara que sólo les graba a ellos; son los que tienen el voto claro y sienten que cumplen con la obligación de ciudadanos ejemplares, e incluso llevan a sus hijos pequeños para que vayan aprendiendo lo que es la democracia.

Luego están los nerviosos, los que viven esto de la votación como una gran responsabilidad y, según llegan al colegio electoral, van parando a los municipales que están en el camino y a cualquiera que lleve txartela para preguntarles dónde está su mesa, que no están seguros y creen que no les va a dar tiempo de votar.

También están los de la barra de pan y periódico que, escupidos de la cama y con pantalón tipo escalador, van paseando por los colegios electorales a ver si se topan con algo que les dé tema de conversación para jugar a analistas políticos. Están luego los jubilados despistados que pretenden votar a Garaikoetxea o María San Gil porque son muy guapos.

Graciosos son los renegosos, esos que llegan como con prisa, que se sienten controlados, que votan porque hay que hacerlo, pero sin convicción, ni ilusión, ni nada. Encima viven con angustia de que la presidenta de la mesa sea una vecina charlatana. Sabe que en cuanto se gire les contará su vida y milagros a los sufridores miembros de la mesa, aburridos y hartos del fastidio que supone pasar todo el domingo tapando y destapando con un folio una ranurita, mientras cantan en alto el nombre del votante de turno. ¡Qué indiscreción!

Yo soy de las de... "y ¿ya está?". Por mucho que nos digan que esto es cumplir como ciudadanos y que esto es la democracia, a mí como que me sabe a muy poco. Y siempre revindico la segunda urna. La de la izquierda sería para echar el voto, y la de la derecha para escribir las condiciones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 1 de marzo de 2009