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Reportaje:

La liga de los 'narcofutbolistas'

Un representante deportivo lideraba con varios jugadores una organización desarticulada con 600 kilos de 'coca'

"En el mundo del fútbol nos conocemos todos", asegura Daniel Muñoz, propietario de Arietesport, una agencia de futbolistas. Pero la realidad demuestra lo contrario. Porque nadie se explica de qué forma un intermediario deportivo y varios futbolistas en activo y retirados han acabado con sus huesos en prisión acusados de integrar una red de narcotraficantes.

La historia de cómo el mundo del fútbol y el narcotráfico se encontraron en un contenedor con 600 kilos de cocaína parte supuestamente del agente deportivo Zoran Matijevic. Este serbio con pasaporte francés es el presunto jefe de una organización que, con la ayuda de gente del mundo del balón, orquestó el viaje de un gran alijo de cocaína desde Buenos Aires a Madrid. El cargamento fue interceptado hace unos días en Fuenlabrada, en la periferia de la capital.

Carlos, defensa del Rayo, es hijo de un ex candidato a la alcaldía de Ávila

El hombre de confianza de Matijevic en este turbio negocio era presuntamente Pedrag Stankovic, un antiguo defensa del Hércules que desde que dejó el fútbol vive en un apartamento a orillas del mar, en Alicante. No es raro verle jugar con el equipo de veteranos del Hércules y sus hijos están en las categorías inferiores del mismo club. La policía cree que Stankovic y Matijevic están tras la financiación de los 20 millones de euros empleados en la compra de la droga y los gastos de transporte de un contenedor de piezas de generadores de energía eólica que la ocultaba.

Matijevic, casado con Magdalena Subotic (representante de futbolistas internacionales), fue clave en el fichaje del holandés Kiki Musampa por el Málaga en 1999 y la marcha de Javier Clemente al Olympique de Marsella al año siguiente.

La tercera persona que completa el engranaje de la trama es un viejo conocido de la policía: Juan Carlos Balbastre, que arrastra una condena de 11 años de prisión por tráfico de drogas, en una operación en la que estaba implicado el ex teniente coronel de la Guardia Civil Rafael Masa, expulsado del cuerpo en 1995 por torturar al hijo de un presunto etarra. Aunque actualmente Balbastre estaba en tercer grado penitenciario (semilibertad), la policía se enteró de que llevaba tiempo buscando financiación para adquirir un gran alijo de cocaína en Suramérica.

Según fuentes policiales, Balbastre atrajo para sus fines a Matijevic y éste, aprovechando sus contactos en el mundo del deporte, fue captando a futbolistas para la organización. Uno de ellos fue Carlos de la Vega, de 29 años, lateral derecho del Rayo Vallecano, licenciado en Económicas y Empresariales, que suele hacer negocios con sus compañeros de banquillo. En sus ratos libres, Carlos trabajaba en Arietesport, la empresa que le representa a él mismo. "Se ocupaba de asesorar en la compra de pisos, locales, pago de hipotecas... Todos le preguntaban antes de hacer cualquier inversión, por su fama de buen negociante", declara Daniel Muñoz, su representante. Éste recuerda que disuadió al joven de que fichara por un equipo mexicano, como había planeado Matijevic en las reuniones que recientemente habían tenido ambos en Madrid.

El arresto de Carlos, tímido y poco hablador, ha causado conmoción en Ávila, donde su familia es conocida porque su padre compitió en 1991 por la alcaldía frente a Ángel Acebes (PP). La familia, que ayer le visitó en la cárcel de Soto del Real, ha requerido los servicios del abogado Horacio Oliva, famoso por su intervención en numerosos casos de relumbrón.

La policía imputa al futbolista vallecano haber alquilado pisos - entre ellos alguno de sus compañeros de equipo- en los que la trama tenía planeado almacenar la cocaína hasta darle salida en el mercado. Su encarcelamiento por orden del juez Eloy Velasco ha sido un mazazo para la directiva que encabeza Teresa Rivero, que no entiende cómo un chico listo, preparado y de buena familia ha caído en este embrollo.

El compañero de trabajo de Carlos en la citada empresa era Pablo Acosta, de 27 años, quien llegó al fútbol a través de su hermano Antonio, que años atrás jugó en el Atlético de Madrid. Pablo, que actualmente es representante y ojeador de futbolistas, supuestamente fue captado para formar parte de la infraestructura delictiva desarticulada. La gente que le conoce se ha sorprendido de su detención porque "aún vive con su madre, a la que hace un mes pidió un préstamo para llegar a fin de mes".

Pablo Acosta y Matijevic han realizado frecuentes viajes al extranjero para descubrir nuevos talentos futbolísticos. Precisamente la policía cree que Matijevic aprovechó sus continuos desplazamientos para montar este nuevo negocio ilegal.

Otro personaje detenido en la Operación Ciclón es Jesús Emilio Díez de Mier, Txutxi, que también militó en las filas del Hércules y del Athletic de Bilbao. "Bájame la cartera, que me llevan detenido", le dijo a su mujer hace unos días en la playa de San Juan (Alicante), cuando la policía le puso las esposas bajo la acusación de formar parte de la banda. Es vecino de Pedrag Stankovic, que también ha sido encarcelado por su presunta implicación en la red de narcofutbolistas.

El resto de los detenidos son personajes secundarios, entre los que hay desde un tal Francisco Salvador G. B., contratado para conducir una furgoneta, hasta los valencianos Jaime V. V. y Lorenzo D. R., encargados de dar cobertura empresarial al entramado.

Inversiones arriesgadas

La banda desarticulada tuvo que pagar unos 20 millones de euros para adquirir los 600 kilos de cocaína y costear los gastos de traslado de la mercancía desde el puerto de Buenos Aires hasta Madrid, según calculan los investigadores. Éstos sospechan que los organizadores de la trama recaudaron dinero entre futbolistas y personas relacionadas con el mundo del deporte, a cambio de la promesa de darles notables intereses. Tales financieros habrían entregado fuertes sumas sin conocer que iban a ser empleadas en una empresa delictiva.

Según el comisario José Luis Conde, jefe de la Unidad contra la Droga y el Crimen Organizado de Madrid (UDYCO), algunos de los arrestados habían formado una especie de peculiar "fondo de inversión" como forma de conseguir cientos de miles de euros. Una inversión arriesgada que previsiblemente supondrá ahora para los afectados la pérdida de su capital.

La UDYCO y los Grupos de Respuesta Especial al Crimen Organizado (GRECO), responsables de las pesquisas, sospechan que el alijo ahora interceptado era la primera operación puesta en marcha por la red. Llegan a esa conclusión a la vista de que uno de los detenidos, que está empleado en un banco de Valencia, había preparado el papeleo para constituir una empresa importadora de generadores eólicos que supuestamente serviría en el futuro para dar apariencia legal a las actividades ilícitas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 1 de marzo de 2009

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