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Crítica:TEATRO

Exasperados

En la primera escena, unos tipos muy agresivos que parecen dedicarse a negocios vinculados con las series televisivas ya se han hecho varias rayas de coca, algunos canutos, tres o cuatro whiskis y un sin fín de cervezas, además de los cigarrillos, así que a las nueve menos algo de la mañana ya van algo colocaditos. Ni les cuento cómo acabarán el día, si felizmente termina.

Hasta donde yo vi, se trata de una comedia que podría ser perfectamente televisiva y que trata del estrés y la ansiedad, el descoloque y el despendole, la seriedad de la vida en entredicho por una especie de tarambanas de cierto éxito que viven al día entre ensoñaciones de la ocasión de postín y asuntos familiares sin resolver. Todo eso obliga a unas actuaciones entrecortadas, cuando no descabelladas, a un ritmo marcado por distintas versiones del famoso tema de los Rolling Stones, y lo que cuenta es la variedad de situaciones y la rapidez de su resolución. Todo ello tan acelerado como se supone que fueron los sesenta o así del siglo pasado, donde las escenas de sofá propiamente dichas no alcanzan la envergadura del Tenorio. La verdad es que casi nada alcanza aquí la suficiente envergadura, ni siquiera un lenguaje deslenguado.

SATISFACTION

Sobre Hurlyburly, de David Rabe, en versión de Diego Braguinsky, por Ornitorincs. Intérpretes, Pep Ricart, Carles Sanjaime, Diego Braguinsky, Miguel Angel Romo, Mireia Sobrevela, Mireia Pérez, Xelo Curiel. Vestuario y Movimiento, Amparo Fernández. Iluminación y Espacio escénico, Javier Quintanilla. Montaje musical, Pep Ricart. Dirección, Carles Sanjaime. L'Altre Espai. Valencia.

Pero así es ahora la mayor parte del teatro que se hace, una especie de híbrido que busca su lugar con tanta premura como estos personajes un tanto perdidos. Qué le vamos a hacer.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de febrero de 2009