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Crónica:22ª jornada de Liga

Higuaín y la nada

El gol del argentino salva a un Madrid que volvió a jugar a la ruleta en Chamartín, esta vez ante un Racing muy pobre

Poco distingue al Real Madrid; menos aún tiene el Racing. Entre uno y otro despacharon un partido ulceroso, plomizo, nada chisposo. Cada cual expuso lo que tiene: el equipo cántabro está colgado de Zigic, el Madrid, de Robben. Lógico en un club gregario, como el Racing, impropio de un conjunto dinástico como el madridista. Atados uno y otro, no hubo quien encontrara un atajo. Mucha lija, fútbol barrial, el patio de choque.

Sin Gago, el Madrid envidó con Lass como exclusivo matraca, pero Van der Vaart, relevo del argentino, sigue sin recorrido, en la media punta o en la zona de gravitación. El chico no se encuentra; o quizá siempre ha sido tal cual, un futbolista de pega, un cromo televisivo en Ligas tuneadas como la holandesa o la alemana. En la española, a tenor del gusto nacional, no tiene encuadre. Tampoco lo tuvo ayer Robben, gripado tras una semana de destemple y escalofríos. No hay sinfonía en este Madrid, tan preocupado del resultadismo como única terapia posible para una institución descabezada, con un técnico interino, un presidente hereditario en alquiler y una plantilla tan asimétrica como desconcertada. ¿A qué juega este Madrid? A sobrevivir, sin más, por la vía que sea. Más ocupado por las virtuales comparaciones de Robben con Messi, o las fantasmagóricas conspiraciones arbitrales a favor del culerismo. Puras distracciones a la carta. Este Madrid tiene el listón bajo; la temporada está condicionada por el absentismo estival del ex presidente, el ex entrenador y el posiblemente ex director técnico en unas semanas. En realidad, ya no ejerce, pero ahí está, como otro temporero más, pero en este caso con fecha de caducidad.

REAL MADRID 1 - RACING 0

Real Madrid: Casillas; Sergio Ramos, Pepe, Cannavaro, Heinze; Robben (Faubert, m. 60), Lass, Sneijder (Javi García, m. 71), Van der Vaart (Marcelo, m. 77); Higuaín y Raúl. No utilizados: Dudek; Torres, Saviola y Huntelaar.

Racing: Toño; Valera, Navas, Oriol, Marcano; Pereira, Colsa, Lacen (Luccin, m. 61), Serrano; Tchité (Toni Moral, m. 57) y Zigic. No utilizados: Coltorti; Pinillos, Moratón, Edu Bedia y Gonçalves.

Gol: 1-0. M. 48. Raúl asiste en profundidad a Higuaín, que recorta a Navas y bate a Toño chutando abajo a su palo contrario.

Árbitro: Clos Gómez. Amonestó a Lass, Oriol, Robben, Sneijder, Van der Vaart y Luccin.

64.000 espectadores en el Bernabéu.

¿A qué juega este Madrid? A sobrevivir, sin más, por la vía que sea

El partido fue puro fango hasta el golazo de Higuaín, invisible hasta su clasista recorte y su remate preciso al hueco imposible para Toño. Así es este Madrid que se tapa ante Casillas y tira el dado en el área del adversario. Frente a su espesura nada expuso el Racing, sin dictado, tan pálido ante Toño como ante el portero madridista. Pura indefinición de un equipo que navega en media tabla sin objetivos definidos. ¿El cielo o el infierno? No hay hoja de ruta en este Racing. Sí en el Madrid: puntos más puntos. Ese es el plan de Juande Ramos, no hay otro. El juego puede esperar un curso. No hay futbolistas para la pasarela y sólo se trata de gestionar el amor propio.

Cuesta creer en un Madrid que invoca a la ruleta en Chamartín. Y no porque el rival sea el Racing. Lo mismo haría ante cualquiera. Hoy, el equipo no tiene otra vía. Juande exprime lo que tiene, y buen rendimiento le saca. No hay gusto, pero suma y suma sin parar. Pepe sostiene al equipo, Lass tiene tajo y los delanteros se alternan. Un día Higuaín, varios Robben y muchos Raúl. Entre ellos, el barbecho, sin noticias de Van der Vaart ni de Sneijder, los supuestos armadores del juego. No es así, van por libre. Uno, Sneijder, ha perdido la brújula; Van der Vaart, nunca la tuvo.

Sin gobierno, el encuentro fue una incógnita. Una ruleta. Ninguno de los dos equipos tuvo un dictado claro. Zigic era la diana de los cántabros. Juego directo al gusto de Pepe y Cannavaro, encantados con cada pelotazo frontal. El Madrid no tiene un patrón tan claro, le sostiene su fe, obra de Juande, y su capacidad para gestionar el perímetro de Casillas. Poco le exigió el Racing, pero a este Madrid nadie le concede un sosiego. Le salva su abnegación, su capacidad para haberse transformado en un equipo de mirada corta. Como son sus resultados, en realidad su único sustento. Ni la entrada de Flaubert alteró a la grada. No es su momento. Un jugador de vuelo raso ha llegado a un equipo terrenal que crece y crece sin un toque angelical. Un día, Raúl; otro Robben; y, a veces, Higuaín. Anoche fue su turno: Higuaín y nada más. Nada de nada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de febrero de 2009