OPINIÓNColumna
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El póster roto

Luis Alemany, escritor y dramaturgo canario nacido en Barcelona cuando acabó la guerra mundial, ganó el Premio Jauja de Valladolid con un cuento que acababa con un póster roto por las puntas, el póster del Día del Amor Fraterno.

El año 2008 es un póster roto por las puntas, como el del Día del Amor Fraterno y como el del Año de la Peste. De pronto, llegas a las ciudades y lo que te sorprende es que existan, después de lo que escuchas o lees. Las ciudades son ahora una excepción de las estadísticas, porque siguen viviendo; no saben que están muertas. Nada de lo que ocurre, los bares, la diversión, las colas para el cine, parece corresponderse con lo que debería estar ocurriendo. Los bares tendrían que estar cerrados, no tendría que haber colas para el cine, y deberíamos estar mustios en la esquina de los saraos.

Un póster roto. Yo no lo había entendido muy bien hasta el domingo pasado, cuando leí cómo lo explicaba Miguel Ángel Fernández Ordóñez en la primera de este periódico.

El gobernador del Banco de España lo dijo así: "Los consumidores no consumen, los empresarios no contratan, los inversores no invierten y los bancos no prestan". Julio Cortázar tiene un cuento, No se culpe a nadie, que se abofetea con esta realidad. Aquí todos somos culpables, unos más que otros, pero todos culpables.

Lo que me asustó de esta sucesión de culpas no es que existan, que ya se ve que existen, sino que las enumerara este hombre a quien todos llaman MAFO; no sólo es un hombre alegre, e incluso optimista, sino que además viene de una familia de alegres. José Antonio Fernández Ordóñez es el ingeniero que le ayudó a Eduardo Chillida a creer que se podía meter el sol dentro de una montaña. Francisco Fernández Ordóñez creyó en la utopía de hacer patrón de un banco (y no sólo de un barco) a Pablo Neruda, y además creyó, en medio de una enfermedad devastadora, que la política curaba.

Una familia de alegres que ahora ha dado además a una académica, Inés, hija de José Antonio. Pues que este hermano de los Fernández Ordóñez enumerara a los protagonistas (nosotros incluidos, los consumidores) de la crisis que ha roto el póster de 2008 me puso ante la evidencia de que estamos viviendo el peor año de nuestras vidas, y que es difícil imaginar uno peor.

Cada uno tendrá su razón personal para pensar que éste ha sido un año cabrón, pero yo nunca lo vi tan bien explicado. Hay que guardarse este póster como si fuera el del año de la peste. Y encerrarse a rezar, como aconsejaba el cura de Los girasoles ciegos en tiempos de turbulencia. -

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0027, 27 de diciembre de 2008.