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Entrevista:EMILIO PÉREZ TOURIÑO | Presidente de la Xunta de Galicia

"El clientelismo es una herencia que está en el tuétano de Galicia"

Santiago de Compostela
Gobierna en coalición con el BNG y ha convocado a las urnas el 1 de marzo para que un Ejecutivo de izquierdas busque la reválida, por primera vez en Galicia. Admite asignaturas pendientes, entre ellas la de romper con la inercia clientelista

Emilio Pérez Touriño (A Coruña, 1948) se empeñó en agotar el mandato frente a los dirigentes socialistas que propugnaban adelantar las elecciones y esquivar lo peor de la crisis. Y dice no estar arrepentido.

P. En agosto, cuando desechó los consejos de anticipar los comicios a otoño, ¿calculaba que la crisis se agudizaría tanto?

R. En aquellos momentos ya era evidente que lo peor sería justamente el final de 2008 y los primeros meses de 2009. A mí me han elegido para gobernar cuatro años, en tiempos de bonanza y, más si cabe, de necesidad. Anticipar las elecciones hubiera dejado el país al pairo durante un periodo prolongado. ¿Tendría beneficios desde el punto de vista partidario? No lo sé ni lo quiero saber.

"Fraga hizo un galleguismo que se volatilizó con Rajoy y Núñez Feijóo"

"Nadie tiene derecho a presionar sobre la financiación autonómica"

"Aplicamos el plan de normalización lingüística que aprobó el PP"

"No es cívico y democrático vetar los acuerdos con los nacionalistas"

P. Hace un año, el PP parecía sin posibilidades. Ahora, da la sensación de que hay partido.

R. Ésa es una visión sesgada, generada desde el entorno del PP, que no ha sabido presentar ni una sola alternativa frente a un Gobierno que no ha perdido una sola votación y ha devuelto el orgullo a los gallegos tras recibir un país enladrillado y subvencionado.

P. Hay una parte del socialismo español muy reacia a los pactos con los nacionalistas.

R. Todos hemos visto en España la colaboración del nacionalismo con Gobiernos de uno y otro color, las épocas de colaboración estrecha de Aznar con nacionalistas vascos y catalanes. No es malo que en la gobernabilidad participen todas las fuerzas democráticas. Y es una concepción antigua, reaccionaria, no suficientemente cívica y democrática, excluir, marginar o vetar la gobernación con el nacionalismo plenamente democrático. Pienso en el País Vasco, y aunque no voy a dar consejos a nadie y la fórmula que funciona en una comunidad no necesariamente tiene que hacerlo en otra, creo que allí son necesarias también vías de encuentro. En esta España casi federal caben todo tipo de alianzas y sólo hay dos limites: el Estado de Derecho y la lealtad a tu proyecto.

P. ¿Le ha impuesto el BNG la politica lingüística?

R. En Galicia es difícil que se produzca la confrontación lingüística, porque el gallego ha sido toda la vida una lengua que une. Los gallegos nos identificamos con nuestro idioma propio y también con otro idioma nuestro que es el castellano. Cuando estábamos en la oposición, le dimos todo el apoyo al PP de Fraga y de Rajoy para hacer una ley y un plan de normalización lingüística que son los vigentes y los que estamos aplicando. Lo que pasa es que el PP, en cuanto pasó a la oposición, buscó el desgaste y la confrontación.

P. ¿Era Fraga más galleguista que Feijóo y que Rajoy?

R. Puso la bandera en el centro de Galicia y generó un espacio autonomista. Hizo un uso exclusivo de la lengua de su comunidad, habló en clave de una Europa federal y creó un partido de corte galleguista. Eso se ha volatilizado en buena medida con la llegada de Rajoy y su hombre aquí, Núñez Feijóo.

P. ¿Han erradicado el clientelismo, como prometían?

R. En cuanto pauta orientadora básica de conducta, que es lo que aquí había, hemos puesto las bases. Pero más allá de eso, he de hacer una reflexión en voz alta, que me hago cada día: una de las grandes lacras de las democracias contemporáneas es la tentación de utilizar la red de poder para generar clientelas fieles en función de un intercambio de voto por tal o cual favor. Y eso me repele profundamente. Si algo me preocupa de la acción de mi Gobierno cada día es superar ese trauma conformado en la historia de Galicia, que está ahí, en el tuétano del país y que inhibe capacidades emprendedoras. Es un problema de cultura política, y una tentación que vive arriba. Tenemos que trabajar con firmeza y determinación para superar esa herencia.

P. No ha logrado convencer a su partido para que los emigrantes puedan votar en urna.

R. Lo he planteado en el Parlamento de Galicia, hemos creado una ponencia unitaria para desarrollar propuestas, pero estamos ante un tema complejo. Así se lo he transmitido siempre a Zapatero y se lo seguiré transmitiendo. Es necesario un gran acuerdo nacional para reformar la ley electoral y facilitar la participación de los emigrantes. En procesos como las municipales, con cientos de candidaturas, es imposible técnicamente establecer un procedimiento de voto en urna. Pero en clave autonómica, podríamos pensar en crear una circunscripción de la emigración.

P. ¿Hay alguna posibilidad de acuerdo con Cataluña sobre financiación autonómica?

R. Hay dos o tres elementos comunes con todas las comunidades. Debemos revisar el sistema porque se nos ha quedado estrecho. Y de lo que estamos hablando es de servicios para los ciudadanos, no de poder político ni de entelequias. El pacto ha de ser para mantener la solidaridad y la cohesión. Y eso tampoco lo pone en cuestión Cataluña. A partir de ahí, Madrid, Cataluña o Valencia tienen un crecimiento de la población que les dispara el gasto. Otras comunidades con menor ritmo demográfico, tenemos otros problemas: una población muy dispersa y envejecida. En todos esos parámetros está la discusión. Yo entiendo a Montilla cuando me dice: 'Oye, es que a mí el traje se me ha quedado pequeño, no soy capaz de atender las demandas de la población inmigrante'. Pero él también debe entender que yo tengo costes extraordinarios en la prestación de servicios. No es un problema de Cataluña contra los demás, una imagen a la que todos hemos contribuido cometiendo algún error. Pero Cataluña se lo tendría que pensar también dos veces.

P. Pero ustedes nunca podrían aceptar una propuesta como la de Cataluña.

R. No, como digo para mí sólo será aceptable una propuesta en la que Galicia pueda mejorar sus servicios porque tengamos más y mejor financiación. Necesito la garantía de que se introducen aquellos criterios que recogen mis factores de coste diferenciales. Y los míos son los de Asturias, Castilla y León, Extremadura...

P. ¿Conciliar todo eso no es como la cuadratura del círculo?

R. Es probable que se le parezca, pero ese es el ejercicio de la España plural en la que estamos, donde hay una parte tan importante de la tarta del gasto de los servicios descentralizada. Nos toca negociar en tiempos de crisis, para el presidente Zapatero eso es una dificultad, porque sus márgenes de maniobra son más estrechos, pero yo tengo confianza en el sentido común de todos. A lo que nadie tiene derecho es a mantener posiciones de máxima presión, porque eso lo sabemos hacer todos y este país no se construye desde la máxima presión. Es un mal ejemplo, una mala pedagogía y a la larga hace un flaco favor a la imagen y al respeto entre todas las comunidades.

P. ¿Será la última vez que se presente?

R. Tengo la referencia de 2012, que será el año de la llegada del AVE a Galicia. Pero no voy a renunciar a estar siempre en la brecha.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de diciembre de 2008