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Reportaje:

Otra Liverpool al sur

Un libro repasa la eclosión pop de Vigo en la década de los sesenta

Si The Beatles hubiesen puesto un pie en aquella desconocida ciudad atlántica a la que arribaron en barco en abril de 1963, rápidamente se percatarían de que su Liverpool natal tenía un pequeño trasunto en el sur de Europa. La anécdota, entre la leyenda y la crónica, cuenta que tres de los cuatro beatles viajaban a bordo del Begoña, un buque que solía hacer escala en Vigo en su travesía desde Inglaterra hasta las Islas Canarias. Y por el puerto pasó Paco, uno de los integrantes de El Clan, uno más entre el centenar de grupos ye-yés que surgieron en el Vigo de los 60. Pero, al contrario que la inmensa mayoría de sus coetáneos, el jovenzuelo que vislumbró a George Harrison asomado a una terraza del barco no era un apasionado de sus andanzas aunque, non vaia ser, le pidió un autógrafo de la banda. Por señas, el supuesto Harrison le dijo que esperase un momento y reapareció con otros dos chicos, en teoría Starr y McCartney, y una mujer rubia, quizás la fotógrafa alemana Astrid Kirchherr. Paco, que no era fan, acabó por regalar las firmas a un ligue. Y nunca más se supo de la presunta estancia viguesa de los músicos más famosos del planeta.

'Crónicas de un Vigo ye-yé' documenta 95 grupos pop entre los años 1958 y 1973

La Guardia Civil solía intervenir en los altercados de sus conciertos

Tras repasar de cabo a rabo la vida y milagros de The Beatles, el músico vigués Fernando Ferreira pudo contrastar la coincidencia de fechas con un viaje de los británicos a Tenerife, donde ya les esperaba John Lennon. Cada cierto tiempo, Ferreira se sumerge en Internet como quien lanza al océano mensajes en una botella en busca de respuestas sobre el autógrafo jamás verificado, aunque tan explosivo como un reguero de pólvora. "La primera vez que escuché Twist and shout sentí el resplandor, ¡qué momento! Hoy la música puede sorprender, pero en los años sesenta la novedad absoluta de The Beatles nos entusiasmó", explica quien, en 1964, fundó Los Stags como guitarrista, cantante y compositor de letras en inglés. 44 años más tarde, el grupo sigue reuniéndose para ensayar y dar algún concierto.

Los Stags figuran entre las diez bandas, todas reunificadas excepto ellos mismos y La Comisaría, que este verano grabaron en el estudio Casa de Tolos temas originales para un CD y DVD que acompaña a la publicación de Crónicas de un Vigo ye-yé, editado por el Instituto de Estudios Vigueses. El libro de Fernando Ferreira es un prolijo inventario de las trayectorias de las 95 bandas que el músico ha podido documentar entre 1958 y 1973, denominadas entonces "conjuntos músico-vocales", "ye-yés do carallo" en la tradición popular. Aunque ahora les identifique, la etiqueta era despectiva: lo suyo era el pop o el beat. A la zaga de los de Liverpool, algunos de los combos más famosos de Vigo fueron Los Diávolos, Los Cirios, Los Golpes, Los Vampiros y Los Zuecos. "Lo primero que nos decían nuestros padres, los profesores e incluso desde el andamio", recuerda el autor, "era aquello de corta o pelo".

Dice el arquitecto José Antonio Martín Curty, miembro de La Comisaría, que "lejos de ser una época luminosa como ahora se los recuerda, los 60 fueron años de penuria". De ropa y discos se surtían en la vecina Oporto y las radios piratas transmitían las novedades. Pero sus primeras reuniones en Vigo fueron clandestinas, la censura también los asediaba y las crónicas periodísticas acerca de los festivales en los matinales de los cines mencionaban, escandalizadas, los gritos de las fans, las pintas de los protagonistas y la intervención de la Guardia Civil en los altercados; ni una palabra de música. Sólo Los Diávolos y Los Stags consiguieron grabar algún disco. ¿Por qué no continuaron? "La mili lo truncaba todo y, al volver, muchos se fueron a las orquestas".

Es posible que The Beatles nunca viajasen en aquel barco, pero su influjo, y el de The Rolling Stones, Kinks o Animals cambió a toda una generación que, entonces, apenas eran unos niños, despreciados por los músicos profesionales porque carecían de formación. Ferreira tenía 15 años cuando se formó el grupo y era el mayor de todos sus componentes, cuatro amigos del colegio. Más tarde se les sumó otro cantante. "Mis padres eran ciertamente modernos y no sólo sabían en lo que andaba sino que hasta contribuyeron en la colecta familiar para la compra de mi primera guitarra, una Jomadi española de 2.850 pesetas, toda". Pero la mayoría de los músicos tenían instrumentos de fabricación casera, más baratos y de sonido peculiar. "Nuestra protomovida era un ruido increíble, lleno de acoples". A todo esto, si hay que pronunciarse, Ferreira era de los Stones.

El ye-yeísmo se cita el lunes en una fiesta amenizada por el DJ y locutor Juan de Pablos en la Sala A!.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de diciembre de 2008