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Reportaje:Hockey sobre hierba

El mejor Amat del mundo

La elección de Pol como el 'número uno' de 2008 es la recompensa para una estirpe de malabaristas del 'stick'

Domingo siete de diciembre en el campo de hierba artificial del Club Egara, en Terrassa. Dos menos cuarto de la tarde. El equipo de casa acaba de endosarle un 9-0 al Complutense con tres goles de Pol Amat (Terrassa, junio de 1978), designado como el mejor jugador del mundo 2008 por la Federación Internacional de Hockey Hierba tras ser plata con España en los Juegos de Pekín, y actual punta de lanza de la familia Amat, 20 participaciones olímpicas contando las últimas cuatro de Pol. Acabado el partido, empieza el homenaje del Egara a su delantero centro de referencia. Aún ataviado con la camisa blanquiazul a botones y sin haberse podido curar el tremendo cardenal de la rodilla izquierda, Pol recibe una foto enmarcada y besos y abrazos a mansalva de todos los simpatizantes del club que Pere, su abuelo, fundó en 1935 con el nombre de Club Deportivo Armonia Egara. Tras un breve parlamento de Pol, su padre, Paco, y sus tíos Juan, Pere y Jaume, reciben una placa en agradecimiento a la entrega y dedicación al club durante sus trayectorias como jugadores. Tras los discursos, se organiza un aperitivo en el que, evidentemente, sólo se habla de hockey, aunque con distinta terminología.

"Paco Amat: "En mis tiempos, te daban un pase y te decías: '¿La pararé o no la pararé?"

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"El hockey es un idioma universal pero con matices", asegura Pol Amat. Y se explica: "En la mesa, cuando comentamos la jugada con mi padre o con mis tíos, hay términos que no empleo porque ellos no los utilizaban en su época. Con ellos no hablo de guard -ofrecerse por detrás de la jugada- o de presse caning -levantar la cabeza para orientarse antes de recibir la pelota-. Todo eso es fruto de la profesionalización que ha vivido este deporte en los últimos años, y de la mano de Maurits Hendriks [seleccionador español hasta esta semana]".

Los veteranos del Egara ven desmarcarse por velocidad a Pol y creen estar viendo a Paco hace 30 años. Físicamente, padre e hijo son calcados y su forma de jugar -los dos en la punta de ataque-, también tiene muchas similitudes. Más allá de cuestiones genéticas, todos los Amat se criaron con un stick en la mano y corriendo por el jardín de casa, entre árboles, sillas y bancos.

"La habilidad que siempre hemos tenido con el stick", interviene Paco, "se debe a que jugábamos en sitios con muchos obstáculos y teníamos que desarrollar la imaginación. Cuando después, en los partidos, nos metían el stick, nosotros veíamos la silla o la mesa de casa, y la sorteábamos sin problemas. Además, nuestras porterías eran cajas de cava Delapierre, y las reglamentarias nos parecían enormes".

A la hora de valorar el factor que más ha evolucionado con los años, el padre de Pol tiene claro que las superficies actuales han hecho posible que ahora el juego sea mucho más rápido porque la bola apenas hace extraños. "Antes, cuando te daban un pase, te planteabas: ¿la pararé o no la pararé? Ponías el palo en perpendicular al suelo por si la bola botaba, para que siempre hubiera superficie de stick. Ahora ya sabes que, poniendo el palo, la bola llegará. Con las superficies de mi época tenías que esperar al último momento para meter el bastón. Había que ser muy previsor y tener los reflejos superdesarrollados", esgrime Paco.

Con los años, su opinión respecto a la preparación de un buen jugador se ha ido puliendo. La frase que sigue la dijo en 1984: "Los entrenadores insisten en la forma física y se olvidan de la técnica. A mí dame 100 tíos que dominen el stick y ya me encargaré yo de formarlos". 25 años después, las carreras de su hijo, una flecha de 1,83 metros de altura y 78 kilos de pura fibra, matizan su punto vista. "Cada Amat ha mejorado a su predecesor. Sobre todo en lo físico", concluye Paco. Pol, que ayer contribuyó con un gol a que el Egara ganara la Copa del Rey contra el Atlétic de Terrassa (4-2), puntualiza: "Hay que tener en cuenta que el Egara puede disponer de varios internacionales que recibimos una preparación muy superior a la de cualquier equipo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de diciembre de 2008