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CÁMARA OCULTA

Kilómetro 0,8

A los ayuntamientos suelen gustarles los fuegos artificiales de invierno, especialmente si se relacionan con lo que llaman vida cultural. Quizá tengan razón, ya que casi todo acaba siendo artificioso en la vidilla cultural de este país, o al menos del Madrid actual, que es de lo que hablamos. Se cuenta que va a peatonalizarse parte de la calle de Martín de los Heros, que así quedaría integrada en esa isla del cine que reúne en pocos metros 20 pantallas en versión original, una magnífica librería, tiendas que venden películas de importación, negocios de DVD de alquiler, bares que proyectan películas antiguas, y otros establecimientos con referencias al cine. Se rumorea también que va a añadirse una carpa con proyecciones gratuitas de películas mudas; es decir, un gueto de lujo, la típica judería con calles de artesanos...

Pero a la vez, en el mismo Madrid se han cerrado hace bien poco salas de cine que hicieron historia, han desaparecido salas de barrio, y estamos a un minuto de que se emprenda la destrucción de los teatros (véase el Albéniz). Un poquito de cal con el proyecto positivo sobre la isla del cine, y un mucho de arena con el resto. Ayuntamiento y Comunidad discuten entre ellos por su hegemonía, mientras poco a poco se nos van yendo edificios que albergaron cultura y entretenimiento, y que en sí mismos eran un símbolo. El proyecto de la zona Kilómetro 0,8 toma el nombre de su distancia con la Puerta del Sol y supongo que un poco también por la librería y editorial de cine 8 1/2, que paradójicamente parece estar amenazada de cierre. De momento, que se sepa, su situación no ha despertado mucha preocupación entre las entidades municipales, ministeriales, culturales o de gestión, que podrían echar una mano.

Hay que celebrar que se revalorice este Kilómetro 0,8 para que allí puedan refugiarse los parias que aún gustan de películas con sonido original y que no procedan siempre del imperio yanqui. Los cines Renoir, Golem y Princesa de esa zona no son los únicos buenos de Madrid, pero su ubicación convierte el lugar en una burbuja para cinéfilos a los que inquieta mucho que puedan desaparecer, así como las tiendas de cine de su alrededor. Ojalá llegue a buen puerto este proyecto municipal. Algo es algo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de diciembre de 2008