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Reportaje:30º aniversario de la Constitución

Sucesores de los 'padres de la patria'

Nacieron después de 1978. Son diputados rivales, pero les une el entusiasmo por dignificar la política entre su generación

Todos tienen menos de 30 años. No habían nacido cuando en el mismo hemiciclo en el que se sientan todas las semanas, otros aprobaban la Constitución. Admiran profundamente a esa generación de políticos que hizo la Transición. Y pese a sus diferencias -Daniel Méndez y Sara García son diputados del PSOE, e Ignacio Uriarte y Ángel González del PP- les une una obsesión: dignificar la política para lograr que su generación, muy crítica con los partidos, se implique. De hecho, sus organizaciones (Juventudes en el PSOE y Nuevas Generaciones en el PP) unen fuerzas para recuperar el valor de la política entre los jóvenes.

Sara García (27 años) lo tiene claro: "Hay un problema en nuestra generación, no le da a la Constitución la importancia que tiene. Cuando naces con ella, no la valoras tanto como quien vio lo que costó tenerla. Hay un enorme desconocimiento de la dictadura, apenas se enseña en la escuela lo que significó, y por eso no pueden valorar la importancia de la Constitución. Por eso los jóvenes son carne de cañón de extremismos".

Todos creen que la Constitución debe reformarse. Pero Nacho Uriarte (28 años), no ve una situación política propicia. "Para mí la Constitución es la expresión de la grandeza de toda una generación, de la clase política de esa época, que supo poner por encima el interés general. Como jóvenes, sentimos orgullo y agradecimiento. Y ahora habría que hacer cambios defendiendo el espíritu, la garantía de la solidaridad e igualdad entre todos los territorios. Pero para tocarla, las manos deberían tener la misma grandeza que quienes la escribieron. Y por eso creo que hoy por hoy no se puede hacer".

"También ahora hay políticos grandes", matiza García. "Es como una familia. Se puede discutir por tonterías, pero cuando hay un problema serio toda la familia se une y deja las cosas secundarias. Si ahora nos encontráramos en esa situación, los políticos también seríamos capaces de ponernos de acuerdo".

"Es imposible reformar la Constitución sin que entren en juego las presiones de las reivindicaciones nacionalistas. Si se abre la reforma, se cuestionará todo. No creo que el Gobierno tenga la firmeza suficiente, ni entre los partidos haya ambiente para llegar a un consenso", concluye Uriarte.

El socialista Méndez (26 años) cree que ese problema "se arreglaría con la reforma del Senado, donde debería estar representados de verdad los territorios".

Méndez admite que entre los jóvenes de ahora hay un cierto resurgir del republicanismo, pero cree que es compatible con la actual monarquía. "Se está dando un debate sobre el republicanismo que no se daba hace 30 años. Nosotros, en Juventudes, siempre decimos que el Estado español funciona en realidad como una república. Es un republicanismo cívico. El parlamentarismo español funciona como cualquier república europea. Con el Rey se liman tensiones que podrías tener con otro modelo de Estado".

El popular González (29 años) tampoco teme por la monarquía. "El '¡Por qué no te callas!' que le dijo el Rey a Chávez, por poner un ejemplo reciente, generó una enorme simpatía. Y el Príncipe está muy preparado. La monarquía seguirá. Seguro".

Todos están obsesionados con una idea: acabar con la mala imagen de la política. "En los setenta, la mayoría de los políticos decían lo que les salía de dentro. Y la gente sabe diferenciar eso. Mi generación es reivindicativa, tiene ganas de cambiar las cosas. No le gustan los políticos de argumentario, ni el politiqueo. Por eso nosotros debemos reivindicar la política de verdad, porque a veces nos enfrascamos en debates absurdos", sentencia García.

Uriarte busca explicaciones: "Las ONG están más valoradas que los partidos entre los jóvenes. Deberían estar al menos al mismo nivel. También los medios de comunicación tienen su responsabilidad, porque nosotros estamos expuestos a críticas que en muchas ocasiones son injustas, como sucedió con los escaños vacíos del Congreso, que no indican para nada que no trabajemos".

"La gente espera que la política mejore su día a día, quieren resultados, soluciones para llenar la despensa", apunta su compañero González. "La política no es la sesión de control, la bronca; hacemos muchas cosas, mucha gestión; estamos aquí porque queremos un mundo mejor", sentencia Méndez.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 6 de diciembre de 2008