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Crónica:Octava jornada de Liga

El Villarreal se pasea por San Mamés

Pirès y Cazorla tumban a un Athletic penoso que terminó pitado por la grada

Hay partidos con muchas lecturas, es decir, que se pueden leer como una enciclopedia o como un thriller lleno de sorpresas. El de San Mamés no era ni bueno ni malo. Empezando porque el Villarreal, un avaricioso del balón, lo perdió desde el primer minuto, se encogió, con Senna descosido, Bruno desaparecido y Pirès intermitente. El balón era del otro, del Athletic, del inesperado. Y como todo iba al revés, marcó el Villarreal, el que lo estaba haciendo mal, pero lo hizo peor Balenziaga en un control desastroso que aprovechó Rossi para marcar con elegancia. El gol elevó al Villarreal en el marcador y lo borró del campo. Le pasó por encima el Athletic que empató por la inteligencia de Etxeberria, con un gol maravilloso, y por la insistencia que acabó por difuminar al submarino.

ATHLETIC 1 - VILLARREAL 4

Athletic: Iraizoz; Iraola, Ocio, Amorebieta (Ustaritz, m. 45), Balenziaga; David López, Orbaiz, Yeste (Javi Martínez, m. 61), Gabilondo; Etxeberria (Ion Vélez, m. 61) y Llorente. No utilizados: Armando; Garmendia, Susaeta y Gurpegui.

Villarreal: Diego López; Ángel, Gonzalo, Godin, Capdevila; Carzorla, Senna, Bruno, Pirès (Edmilson, m. 83); Llorente (Altidore, m. 89) y Rossi (Mati Fernández, m. 68). No utilizados: Juan Carlos; En, Cani, Cygan, Javi Venta y Altidore.

Goles: 0-1. M. 23. Rossi, tras un error de Balenziaga 1-1. M. 27. Etxeberria, de cabeza. 1-2. M. 52. Pires, tras pase de Cazorla. 1-3. M. 59. Cazorla, en jugada personal 1-4. M. 90. Altidore, cuando apenas llevaba segundos en el campo.

Árbitro: Muñiz Fernández. Amonestó a Godin, Yeste, David López y Vélez.

Unos 35.000 espectadores en San Mamés.

Parecía que podía el Athletic con el partido. Más aún tras una falta de Yeste, magnífica, bellísima, que se fue a la escuadra. Un problema: era libre indirecto. Un desliz. Tiró David López con peligro. Remató Gabilondo al poste un saque de esquina. Y casi todo así.

La diferencia estriba en la solidez. El Villarreal sabe sufrir para crecer; el Athletic sólo parece que sabe sufrir. Y cuando Rossi, olvidado en su jardín, apareció de nuevo para asistir a Pirès, que marcó con algún despiste de Iraizoz, el Villarreal se dio cuenta de qué había accedido al partido sin grandilocuencias, pero con eficiencia. Más aún, cuando Cazorla, en una jugada personal, remató cruzado (otra vez con Iraizoz un tanto desajustado) y puso el tercero en el marcador. No era el Villarreal espectacular, el táctico, el técnico, el engarzado, como si los goles cayeran como una circunstancia más que como una consecuencia. El Athletic se borró, como acostumbra. Dejó de creer, incluido Caparrós, que ordenó dos cambios extrañísimos, que sólo transmitían mensajes negativos: la finura de Yeste se relevó por el músculo de Javi Martínez y la experiencia de Etxeberria por las correrías de Vélez. Ya no hubo balón. No lo quería el Athletic. Mal mensaje que el Villarreal agradeció. No lo hizo la grada, que terminó pitando a los de Caparrós.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de noviembre de 2008