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Reportaje:

Más pateras, menos ocupantes

Las mafias cambian su 'oferta de viajes' cuando se cumplen 20 años

en Tarifa de la primera gran tragedia de la inmigración clandestina

Tres grandes pantallas ocupan el frontal de la principal sala del Sistema Integral de Vigilancia Exterior (SIVE) en la Comandancia de la Guardia Civil en Cádiz. Ofrecen imágenes en directo de tres de las cámaras que este complejo sistema de detección mediante radares ofrece de la costa gaditana, desde Sanlúcar hasta Barbate. Hace 20 años de la primera gran tragedia de la inmigración clandestina, que dejó 18 muertos en Tarifa, y hace seis que este dispositivo se comenzó a instalar en España. Las mafias de la inmigración han sabido adaptarse a la modernización de las tecnologías de los cuerpos de seguridad. También han ido cambiando la oferta de sus viajes clandestinos. Llegan más pateras, aunque con menos ocupantes en cada una de ellas. Muchos ya no pagan billete. Les cobran encargándoles el transporte de droga y ofreciéndoles un trabajo sin contrato en algún club de alterne o un invernadero del poniente andaluz.

Los inmigrantes pagan el viaje en la patera transportando fardos de droga

Según los datos que maneja la Guardia Civil, en lo que va de año el SIVE en Cádiz ha detectado a más de 600 inmigrantes y ha facilitado la interceptación de 70 toneladas de hachís. Las cifras, dicen sus responsables, avalan la eficacia de este dispositivo. Los radares controlan ya toda la costa andaluza desde tierra a 12 millas mar adentro. La última imagen grabada con una patera es de hace una semana. Una pequeña embarcación de madera se acerca al puerto de Conil. Al principio apenas se percibe. Los inmigrantes se ocultan. Sólo cuando se aproxima la orilla algunos se levantan. Tienen la directriz de permanecer agachados para que la madera tape el calor de sus cuerpos y no sean detectados por el SIVE. Pero la proximidad del final del viaje les hace desobedecer. "Éste es el peor momento, el más peligroso", relata mientras revisa este vídeo el sargento coordinador del dispositivo en Cádiz, José Vallejo. "Cuando ven tierra, se ponen nerviosos, se hacen a un lado, la patera muchas veces vuelca y muchos perecen ahogados", explica.

El sistema no es infalible. Algunas pateras tocan tierra sin ser avistadas. Organizaciones como la Asociación Proderechos Humanos de Andalucía critican este sistema de control. "Las rutas han cambiado para eludir el SIVE. Han hecho más larga y peligrosa y eso acaba en drama", denuncia su presidente, Rafael Lara. La Asociación Unificada de Guardias Civiles defiende que el sistema ha salvado muchas vidas pero también pide más medios. "Es como si tuviéramos un hospital al que le faltan médicos", asegura su portavoz, Juan Antonio Delgado.

Desde que ocurrió la primera gran tragedia de la inmigración clandestina hace 20 años en Tarifa, los viajes han cambiado mucho. El Estrecho ya no es el principal camino de entrada a España, ahora es Canarias. Pero siguen llegando pateras a la costa gaditana. Este año más que los inmediatamente anteriores. Eso sí, llevan menos personas a bordo. "Han vuelto las pateras de madera más precarias", explica el sargento Vallejo. Las mafias no se gastan dinero en las embarcaciones porque la mayoría de los que viajan en ellas no suelen pagar tampoco billete. A muchos les cobran por transportar droga, unos 20 kilos de hachís por mochila.

Antes los inmigrantes tenían su carta de libertad una vez pisaban tierra. Eran carreras por la playa para buscar cobijo. Ahora los viajes en patera suelen tener ya el destino definido. Furgonetas esperan a los recién llegados para llevarles al invernadero donde trabajarán ilegalmente o al club donde se tratarán de ganar la vida. "He visto mujeres que han viajado en la patera maquilladas y vestidas para entrar directamente al alterne", reconoce el sargento Vallejo. La progresiva precarización de las embarcaciones vuelve a incrementar los riesgos de los viajes más cortos. "Se está poniendo mucho dinero en seguridad y hacemos mucho esfuerzo para que no se repitan tragedias como aquella", dice el coordinador del SIVE. En las grandes pantallas se observan los efectos del temporal de lluvia y viento. El mar se mueve embravecido. Detrás una ola, puede haber una patera.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de noviembre de 2008