Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:EN PORTADA

LA REVANCHA DE LOS NIÑOS BIEN

CUANDO se le pregunta a Matthew Goode (Devon, Inglaterra, 1978) si la versión cinematográfica de Retorno a Brideshead introduce alguna novedad con respecto a la novela, él sonríe con su dentadura perfecta: "La homosexualidad de Sebastian [el personaje de Ben Whishaw] es más clara en la película. Pero no sacamos dos pollas duras y a los personajes en plena faena. Sólo es un beso". Goode, delgado, elegante y con voz radiofónica, representa al perfecto caballero inglés. Tanto que Hackett, quintaesencia del estilo clásico británico, le ha elegido como imagen de la marca. "Es la personificación del caballero contemporáneo", resume Jeremy Hackett, capo de la firma. Un gentleman que hoy, más relajado, luce vaqueros caídos, zapatillas y gorro de lana. Y al que más de uno le lavaría la lengua con estropajo. Durante la entrevista se pierde la cuenta de las veces que exclama fuck (joder). No hay más que buscar un par de entrevistas suyas en YouTube para darse cuenta de lo mucho que le gusta el humor de entrepierna y las loas al vino (en un vídeo para The New York Times, besa una copa de tinto después de bebérsela de un trago).

Hemos visto a Goode como pijo londinense en Match point, de Woody Allen; como ladrón de poca monta en The lookout, y como novio abandonado en Rosas rojas. Ahora se enfrenta al mayor reto de su carrera: encarnar a Charles Ryder en Retorno a Brideshead, la adaptación cinematográfica de la novela publicada por Evelyn Waugh en 1945. Tanto el libro como la posterior serie rodada en 1981, con su crítica a las costumbres de la aristocracia británica de principios del siglo XX, despiertan devoción. En la historia, un impresionable joven, Ryder, cae deslumbrado por el encanto de una familia —en especial, de los hermanos Sebastian (Ben Whishaw) y Julia (Hayley Atwell)—, una mansión y una forma de vida en vías de extinción. "Mucha gente cree que mi personaje es un oportunista, un arribista social. Para mí, simplemente es alguien que se siente solo en el mundo", describe.

La novela y la serie ocupan un lugar tan alto en el imaginario colectivo que una nueva adaptación siempre resultaría difícil. Goode se lo esperaba: "Sabes que va a dividir al público. Pero si te preocupas por las críticas que vendrán, entonces no estás en el trabajo adecuado. Hay quien ha dicho que Charles debería tener más encanto. En la novela es un narrador mayor, más sabio, más cínico, probablemente con más encanto. Pero en la película... ¡si casi no habla!". Además, otra dificultad añadida: Charles fue interpretado en la serie por nada menos que Jeremy Irons. Algo que le han comentado tantas veces que ha terminado por cabrearle. El crítico de The New York Times dijo de Goode que "muestra el mismo carisma que un espárrago hervido moldeado a imagen y semejanza de Irons". Goode, sin embargo, mantiene que por todos los medios intentó no inspirarse en su predecesor: "Hace unos cinco o seis años, mi agente me regaló los DVD de la serie, lo cual es bastante profético. No volví a verla porque no quería replicar detalles inconscientemente, como levantar el vaso de una cierta manera".

Aunque no sólo ha tenido que enfrentarse a las críticas en Retorno a Brideshead: su participación en la esperadísima adaptación a la gran pantalla de Watchmen, de Alan Moore, también ha suscitado escepticismo. Según muchos fans, es demasiado joven, pusilánime y británico para interpretar a Ozymandias, un genio de ascendencia germano-estadounidense con una capacidad física extraordinaria. Papel para el que se barajaron nombres como el de Tom Cruise o Jude Law. "No es un cómic, es una novela gráfica", corrige Goode, que define a este título como "el Ciudadano Kane" del género. "Es una historia psicológicamente muy avanzada. Nada que ver con, por ejemplo, Los cuatro fantásticos. Es mucho más complicada y ambigua. Yo, sin ir más lejos, hago de villano que intenta salvar el mundo".

Nos anticipa que en Watchmen no se ha abusado de los efectos digitales: "Teníamos decorados y todo era bastante tangible, no utilizamos demasiada pantalla verde". Aunque todavía no ha visto el metraje completo: "El tráiler tiene muy buena pinta, pero, hasta que no la vea en su totalidad, prefiero mantenerme escéptico sobre mi trabajo".

Goode bebe té y fuma cigarrillo tras cigarrillo. No puede quedarse quieto. Sorprende que el director de Brideshead, Julian Jarrold, le ofreciese el papel de Charles Ryder por su "extraordinaria quietud", por su capacidad para interpretar a un narrador sin voz en off cuya principal actividad consiste en observar.

"No se percibe en la película, pero

Matthew no se toma demasiado en serio. Le gusta charlar y bromear. Es muy divertido. Es interesante ver lo diferente que aparece en pantalla", desvela Hayley Atwell, que interpreta en Brideshead a Julia.

"Tiene un punto realmente gamberro que lo hace muy divertido. ¡Y baila muy bien!", coincide Verónica Sánchez, que protagonizó junto a Goode Al sur de Granada, de Fernando Colomo. Fue la primera película de ambos actores. "El ritmo de la fiesta española no tiene secretos para él", nos revela la actriz española.

Goode podría haberse encasillado en el papel del típico inglés algo rígido y gracioso-pero-torpe, a lo Hugh Grant. Afortunadamente para todos, sus elecciones profesionales lo han evitado: "Me gusta la diversidad y nunca trabajo por dinero. El problema es que siempre conecto con proyectos jodidamente buenos, y esos van para las grandes estrellas". Su papel de buscavidas en The lookout fue el primero como estadounidense: "Tuve suerte. Como inglés interpretando a un americano siempre sientes que le estás robando a otro el trabajo. Si te pones a ello, hay que hacerlo jodidamente bien, clavar el acento. Además, gracias a este papel conseguí el de Watchmen".

Este desprendimiento a la hora de trabajar le ha ocasionado no pocos problemas económicos: "Mi agente no veía la utilidad de trabajar sólo por dinero. Todos necesitamos cobrar, trabajar para vivir, pero él insistía en que no merecía la pena. Me decía que yo era un corredor de larga distancia". Durante una temporada, Goode tuvo que depender de su familia para sobrevivir: "Ahora no me va mal. Pero todavía no puedo permitirme comprar una casa. Pago el alquiler y alguna copa de vino que otra, pero para nada tengo la vida solucionada. Eso sí, suelo invitar, porque me han educado bien. Pero mis amigos y los periodistas piensan que en cuanto trabajas con Woody Allen, ya te has forrado. Nada más lejos de la realidad. Haces sus películas prácticamente gratis. ¡Aunque por trabajar de nuevo con Woody no cobraría!".

Pese a sus lamentos y que asegure que no sabe "hacia dónde coño irá su carrera", está claro que a Goode no le está yendo nada mal. Verónica Sánchez no lo duda: "Pensaba que tenía todas las aptitudes para triunfar a lo grande en esta profesión. Hay algo en él que recuerda a las míticas estrellas de Hollywood".

En Retorno a Brideshead tiene el aspecto de una de las de la época dorada: trajes claros, camisas impolutas y sombreros panameños... El vestuario confeccionado expresamente para la película y los suntuosos escenarios le resultaron esenciales: "Te ponen un chaleco y una camisa de cuello duro y, de repente, todo te empieza a rozar, sobre todo en la parte de abajo... pero automáticamente te yergues y cambias de postura. El vestuario y Castle Howard hicieron el 99,9% de mi trabajo", ha declarado durante la promoción.

No es para menos. Retorno a Brideshead, la serie, fue un hito estético durante la década de los ochenta. Entre los yuppies con pantalones blancos, fulares y jerséis anudados al cuello, la referencia absoluta era el estilo aristocrático de Jeremy Irons y Anthony Andrews. Parece que con la última versión se esta produciendo un efecto parecido: "Es extraño", dijo el actor al diario británico The Guardian. "Constantemente se me pregunta lo que voy a llevar este otoño. Pues me pondré lo mismo de siempre: vaqueros y un jersey cualquiera. ¿Probaría algo si dijese que me voy a vestirme de gris?".

Aunque bromee, el actor sí sabe algo de moda. Gracias principalmente a su novia, Sophie Dymoke, que trabaja en la firma de cashmere Vince. Pero antes Goode era un pijín del montón: "Cuando llegué a Londres a estudiar interpretación conocí a gente muy cool. Mis compañeros de piso no me dejaban salir de casa vestido con chinos y camisas a cuadros, lo que agradezco", ha declarado.

Pero algo pasó con el traje de baño retro con el que aparece en una de las escenas venecianas de la película: "No me lo probé antes, pero nada más verlo sabía que iba a ser un acontecimiento. Cuando lo vi, pensé: '¡Dios mio!'. Creo que me disgusté tanto como si me hubieran hecho llevar un fardahuevos", exclama con su marcado acento de clase alta británica.

Quizá ese bañador —y ese beso— le convierta en todo un sex symbol gay... "Lo dudo mucho. ¡Si no tengo el cuerpo adecuado! Además, ese dichoso traje de baño más bien quitará la líbido a la audiencia".

Retorno a Brideshead se estrena hoy en cines de toda España.

DANDIS DE HOY

Si Oscar Wilde levantara la cabeza, ¿se fijaría en estos tres?

Jason Schwartzman. La dinastía Coppola es la versión intelectualizada de los Grimaldi: cada cosa que hagan, por intrascendente que sea, nos interesa. Al actor —y primo de Sofia— le tira el rock (tiene su propio grupo), pero con la última de Wes Anderson se imbuyó hasta el tuétano del estilo Vuitton en la foto.

BORJA BAS

Ed Westwick. Su mirada torva, voz ronca y maneras de joven Mefistófeles han convertido a Chuck Bass en uno de los personajes más amado por la audiencia de Gossip girl. También es el preferido por la estilista de la serie, Eric Daman: "Siempre es más divertido vestir a los villanos", declaró a la revista Nylon. No en vano, Westwick interpreta a un adolescente del Upper East Side que pasa sus días pavoneándose entre vasos de whisky y prostitutas de lujo mientras luce peculiares estilismos. Recién levantado: batines de seda. Cuando sale de noche: pantalones a cuadros, chaleco y bufanda de cachemir. Un dandi del lado oscuro más cercano a Oscar Wilde y a Lord Byron que a cualquier modelo de exacervada masculinidad. La supuesta homosexualidad encubierta del personaje es uno de los tópicos más discutidos en los foros online sobre la serie.

INÉS MUÑOZ MARTÍNEZ-MORA

Rufus Wainwright. La conexión con el Viejo Mundo. El canadiense se ha entregado a paseos palaciegos por Europa, la pintura en claroscuro y las canciones sobre escribir cartas o viajar en tren. En su apuesta por el anacronismo, la seda y el terciopelo bordean la caricatura dandi.  B. B.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 31 de octubre de 2008

Más información