Cheste celebra sus 10 años con los vicios y virtudes con los que nació

Álex Crivillé alaba el trazado, pero recuerda que "los accesos son dramáticos"

El 19 de septiembre de 1999 también llovía, y mucho, sobre el asfalto del circuito de la Comunidad Valenciana en Cheste. Era el día de la inauguración del trazado valenciano. Y el cielo quiso rendir homenaje a Ricardo Tormo, un experto en el arte de pilotar sobre mojado. Él, uno de los mayores impulsores del proyecto, que tardó diez años en pasar de los planos a la realidad, había fallecido en diciembre del año anterior. Poco antes de morir pudo saber que el trazado valenciano llevaría su nombre. El entonces presidente de la Generalitat, Eduardo Zaplana, y el también piloto valenciano Jorge Martínez, Aspar, fueron a visitarlo al hospital, donde permanecía ingresado, y se lo contaron.

El Ricardo Tormo es único porque permite ver la totalidad de la pista

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Diez años después de su construcción, el circuito Ricardo Tormo es un referente. El Gran Premio de motociclismo que acoge cada otoño desde entonces es su gran atractivo. Aunque se celebran cada año una media de 13 eventos relacionados con el motor. Además de pruebas nacionales y locales, esta pista ha acogido otras competiciones, como el Campeonato del Mundo de Turismos, la GP2 Series o el Mundial de Superbikes.

Estas instalaciones se han convertido, asimismo, en una escuela de pilotos. Barberá, Debón, Faubel, Gadea o Terol se formaron en Cheste. Y nadie olvida a un jovencísimo Fernando Alonso, guiado entonces por el también piloto de monoplazas Adrián Campos.

El trazado gusta al aficionado. Es único por su configuración como estadio, lo que permite visualizarlo entero. La excelente organización también le hace sumar adeptos. Cheste ha sido premiado por organizar el Mejor Gran Premio en 2002, 2004 y 2005. También gusta a los pilotos. "La pista está bien y aunque es de los circuitos pequeños, es seguro, tiene una buena recta, de casi un kilómetro, y es bastante rápido", explica el campeón del mundo Álex Crivillé. Troy Bayliss ostenta el récord de velocidad: 321 kilómetros por hora sobre una moto de 990cc.

Aunque tiene un pero. Los accesos. "Son dramáticos", asegura Crivillé. "Deberían agilizar la entrada de los vehículos, que soportan largas colas cada año, y mejorar las zonas de aparcamiento", reclama. En ese aspecto, el circuito "no ha evolucionado".

Su ubicación en la recta final del campeonato -los últimos siete años la valenciana es la prueba que cierra el Mundial- ha deparado jornadas esplendorosas. Pero también carreras irrelevantes, como la de hoy. Aunque los moteros, fieles, siguen acudiendo a su cita. El viernes apenas quedaban 3.000 entradas en taquilla de las 120.000 localidades.

Las curvas del Ricardo Tormo guardan recuerdos para la historia. Como la victoria de Sete Gibernau en 2001. Bajo la lluvia, por cierto. Era la primera de su carrera. Y celebró la gesta con un emotivo recuerdo a las víctimas del 11 de septiembre. Era la primera prueba del Mundial tras el atentado. Aquel mismo año, Dani Pedrosa lograba en 125cc el primer podio de una exitosa carrera. Poco después, en 2005, Cheste también sería testigo de otra victoria. La última de Pedrosa en 250cc y con la que sumaba su tercer título mundial. Valentino Rossi no ganó aquel día, lo hizo Melandri. Pero no lo necesitaba. Se proclamó campeón igualmente. Tuvo menos suerte un año después, cuando, también en la última carrera del campeonato, cedió el título a Nicky Hayden tras una caída. Entonces empezó su mal fario. Recuperada ahora la corona, Il Dottore regresa para vengarse. Y dar espectáculo, claro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0025, 25 de octubre de 2008.

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