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Siria y Líbano establecen relaciones diplomáticas plenas

Damasco trata de quebrar su aislamiento internacional

Sesenta y cinco años han tenido que transcurrir para que Siria, que en su fuero interno siempre ha considerado a Líbano tierra propia, establezca relaciones diplomáticas plenas con el país vecino. Así lo anunciaron ayer en Damasco los ministros de Exteriores de ambos países, que se comprometieron a abrir las respectivas embajadas antes de fin de año y a reforzar sus relaciones sobre la base del "respeto a la soberanía e independencia" de ambos Estados.

Era una exigencia de los Estados occidentales, que en septiembre de 2004 impulsaron una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que exigió el fin de los 30 años de tutela y de presencia militar siria en Líbano. En abril de 2005, el Ejército sirio abandonó el país forjado por Francia para la secta cristiana maronita, hoy ya minoritaria.

En Beirut, la satisfacción era notoria. Los líderes de todas las sectas religioso-políticas dieron la bienvenida al acuerdo. Por su parte, Damasco tenía que pagar un precio para la consecución de sus objetivos políticos. No es un coste demasiado elevado. Ahora que el partido-milicia Hezbolá -aliado de Siria, aunque nunca se sabe bien hasta qué punto- dispone de poder de veto en el Gobierno de Beirut, resulta más sencillo para el Ejecutivo de Damasco acceder al establecimiento de vínculos diplomáticos con el país vecino.

El jefe de la diplomacia siria, Walid Mualem, lo dejó claro: "Estamos satisfechos con el progreso en Líbano como resultado del acuerdo de Doha", precisamente el pacto que otorgó a Hezbolá la capacidad de veto en el Gobierno.

Siria consigue también dar un paso más en su objetivo de quebrar el aislamiento internacional al que Occidente la ha sometido desde hace cuatro años. La primera brecha fue el inicio de negociaciones con Israel en mayo. La segunda, la presencia del presidente Bachar el Asad en París en la cumbre euromediterránea semanas después. Y la tercera grieta, la visita oficial del presidente francés, Nicolas Sarkozy, a Damasco en septiembre.

Incluso EE UU, el más firme defensor del asedio diplomático y económico al régimen sirio, empieza a recular. En la trastienda de la Asamblea de la ONU, celebrada en Nueva York, la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, se entrevistó con Mualem.

Pero, y más relevante, Damasco se aproxima, mediante este establecimiento de relaciones diplomáticas plenas con Líbano, a su verdadera meta. Será ahora mucho más complicado que el tribunal internacional que debería juzgar el magnicidio del ex primer ministro libanés Rafik Hariri se ponga en marcha. Y eso que uno de los magistrados que dirigió las investigaciones ha asegurado a parlamentarios europeos que ya disponen de la lista de inculpados.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 16 de octubre de 2008