El rector Tomás exige a Camps que no altere la financiación sin acuerdo

Cada euro gastado en las universidades repercute 3,6 en la economía, argumenta

El rector de la Universitat de València, Francisco Tomás, salió ayer al paso de la inesperada cancelación del modelo de financiación universitaria, que el Consell ha ejecutado en el anteproyecto de la ley de acompañamiento de los presupuestos, como publicó ayer EL PAÍS. A mitad del discurso de apertura de curso, entregado a la prensa y colgado en la web de la Universitat, Tomás hizo un alto y dijo: "El nuevo plan de financiación deberá ser consensuado y negociado con las universidades, como lo fue el que ha concluido. De ninguna manera puede ser impuesto". A su derecha se sentaba el presidente Camps. A su alrededor, el resto de representantes de las universidades.

El rector, "perplejo" por las críticas de la ministra

El paso dado por el Gobierno valenciano a través de la ley de acompañamiento indica al menos, a juicio del gerente de una de las universidades, "la escasa voluntad del Consell de alcanzar un acuerdo en torno a un nuevo modelo de financiación".

Camps omitió el asunto y la advertencia del rector, pero también habló de financiación. Recordando la última apertura de curso a la que asistió en la Universitat de València (hace una década, como consejero de la Generalitat), indicó que el sistema valenciano contaba entonces con 7.000 profesores y hoy tiene 10.000. Tenía 132.000 alumnos y ahora tiene 140.000. El gasto por alumno era de 2.700 euros y en estos momentos alcanza los 6.800. El segundo mayor de toda España.

El análisis de Camps, similar al que viene exponiendo el consejero de Educación desde hace un año (y que no aborda los problemas que la deuda de 900 millones de euros está provocando en las cajas de las universidades) puede responder a la normal costumbre política de sacar pecho. Pero puede ser también una forma de preparar el terreno para un recorte de fondos.

La posibilidad fue considerada perfectamente viable por el anterior secretario autonómico de Universidades. Cuando los rectores aceptaron en mayo que la Generalitat saldaría poco a poco (hasta 2023) la enorme deuda que tenía con ellos, intentaron también que Educación se comprometiera por escrito a no reducir su presupuesto, pero sólo lograron que el consejero Font de Mora lo hiciera de palabra.

Por si acaso, los rectores también van haciendo números. El de la Politécnica aseguró el martes que su universidad era la que más facturaba por I+D en España. El rector Tomás destacó ayer, por su parte, la gran contribución de las universidades a la economía valenciana. Un impacto que cifró en 4.200 millones de euros, en el año 2007, citando un estudio del Instituto Valenciano de Estudios e Investigación que será publicado pronto. "Eso significa que cada euro ejecutado por las universidades públicas valencianas repercute en más de 3,6 euros en la economía valenciana", sin contar los puestos de trabajo directos e indirectos que generan, afirmó. Y recordó que el año pasado el 21% del presupuesto de la Universitat (casi 70 millones de euros) provino de recursos propios, investigación y contratación externa.

El rector envió otros recados. Se declaró "perplejo" ante una "campaña" que contiene afirmaciones como: "el actual modelo [universitario] está obsoleto; el actual sistema de gobierno de la universidad no funciona; la clave es que estén gobernadas por auténticos profesionales de la gestión" ("¿sólo las universidades?", añadió saliéndose de nuevo del texto de su discurso). Buena parte de esas frases pertenecen a la ministra de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia. Por si alguien se había despitado, Tomás lo aclaró: "No deja de ser sorprendente que algunas manifestaciones las hayan realizado responsables políticos que aprobaron una nueva ley estatal de universidades hace poco más de un año".

Protesta en el paraninfo

La protesta en la apertura de curso de la Universitat de València se ha convertido en un rito. Unos 10 alumnos se concentran cada año a las puertas de La Nau. Esperan al rector, lo increpan, lanzan eslóganes a favor de la universidad pública, contra su "mercantilización", y en ocasiones lemas independentistas. La cosa no suele pasar de ahí. El rector soporta el trance, entra en el paraninfo donde se celebra el acto oficial, y los estudiantes se quedan en el claustro sosteniendo una pancarta.

Ayer, sin embargo, asistía al acto el presidente de la Generalitat, que declara abierto oficialmente el curso académico cada año en una de las cinco universidades públicas. Su presencia implicó un importante aumento de las medidas de seguridad, y un pequeño aumento en el número de manifestantes. El rector aguantó estoicamente la canción de todos los años. El jefe del Consell, en cambio, se la ahorró entrando por otra puerta.

Ya en la ceremonia, una vez leídas la memoria del curso, la lección magistral, y el discurso del rector, cuando Camps empezaba su intervención, dos alumnos se levantaron y se dirigieron hacia la tarima presidencial, hablando en un tono lo bastante contenido como para que casi nadie los oyera. El presidente siguió hablando, pero el revuelo y la intervención de los encargados de la seguridad, que los condujeron afuera, le obligaron a detenerse.

Lo raro es que los alumnos, uno del Sindicat d'Estudiants dels Països Catalans (SEPC) y otro del Bloc d'Estudiants Agermanats (BEA), integran el consejo de gobierno de la universidad. Y que desde lo alto del paraninfo se escucharon unos cuantos aplausos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 08 de octubre de 2008.

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