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Entrevista:ABDERRAMÁN UIT KHAMOUCH | Plata en 1.500m en los Paralímpicos de Pekín | Personaje

"Pasé cinco días escondido en las montañas"

Abderramán asume con serenidad que, en apenas cinco años, haya pasado de vivir en el desierto y de arriesgar su vida en una patera, a lograr una medalla en los Juegos Paralímpicos de Pekín. Con un brazo amputado desde pequeño, Abderramán Ait Khamouch (Mellab, Marruecos, 1986), como muchos otros discapacitados, hizo de su vida un reto. "Claro que la suerte existe", sugiere el hispano-marroquí, que disputa hoy la final de 800m tras lograr la plata en el 1.500m; "pero la buena suerte... esa hay que buscarla".

Pregunta. A usted nadie le negará haberla perseguido.

Respuesta. Imagínese. A los ocho años trabajaba en Mellab, donde vivía con mis padres y cinco hermanos. Un día me caí al pozo intentando beber agua, y me rompí el brazo derecho. Sólo se les ocurrió vendarlo, así de pobre es mi tierra. Se gangrenó y tuvo que ser amputado.

"En el Sáhara vives por vivir. Allí estás encerrado, sin esperanza ni futuro"

"Me considero un español más; jamás volveré a Marruecos si no es de visita"

P. Ya por entonces era un apasionado del atletismo.

R. Mi ídolo era El Guerruj. Todos los niños marroquíes le admirábamos. Hasta en el colegio había fotos suyas pegadas en la pared. No tuvimos tele en casa hasta 1999, así que me tenía que ir a otro pueblo a ver sus carreras.

P. ¿Cómo es la vida de un niño en el desierto?

R. Se vive por vivir. No te enteras de nada. En el Sáhara no hay esperanza ni futuro. Vives encerrado, como si tuvieras esposas en las manos. Cuando me marché de casa, a los 15 años, ni siquiera pensaba convertirme en un deportista de élite. Sólo quería llegar a España, encontrar un trabajo y vivir en paz.

P. ¿Cómo fue su marcha?

R. Empecé a trabajar en una tienda regentada por el mafioso que fletaba las pateras, en El Aaiún, en el Sahara Occidental. Intenté cruzar en patera a Fuerteventura tres veces, pero sólo lo conseguí al cuarto intento.

P. ¿Cómo recuerda esos primeros días como ilegal?

R. Fueron durísimos. Pasé cinco días escondido en las montañas. Al bajar, me detuvo la Guardia Civil y me ingresaron en un centro de acogida. Después me escapé. Fui a Las Palmas, y allí pagué 500 euros para que una mafia me llevara a Madrid.

P. Y de Madrid, a Barcelona, la etapa final de su viaje.

R. Viví en un centro de acogida hasta que me echaron poco antes de cumplir los 18 años. Trabajé de cartero comercial, cobrando 100 euros, y en el parking de un centro para discapacitados.

P. ¿Dónde se entrenaba?

R. En las pistas de Camp Dragó, con un grupo para discapacitados del Club Nou Barris. Fue entonces cuando corrí la Cursa de El Corte Inglés, de 14 kilómetros. Acabé vigésimo, y se fijaron en mí.

P. ¿Allí le descubrió Héctor García?

R. No. Aquello fue hace tres años, en los 800m de los nacionales de Madrid. Gané a gente más preparada que yo. Le conté mi caso a Héctor García, que era el seleccionador catalán, y él habló con el Comité Paralímpico.

P. Y enseguida se lo llevaron al CAR de Sant Cugat...

R. En un año, con el director técnico, Domingo López, rebajé en 19 segundos mi marca en 1.500m. Me ofrecieron una beca ADO, mi sustento actual, y el Gobierno me concedió el 25 de mayo la nacionalidad espanola.

P. Al final le ha compensado tanto esfuerzo. ¿Qué le dice su familia?

R. Hablé con ellos después de lograr la medalla en 1.500m. Estaban emocionadísimos. Se buscaron la vida como pudieron para ver la carrera. Cuando hablé con mi madre, se puso a llorar.

P. ¿Habló con su hermano pequeño, que está en un centro de acogida de Bilbao?

R. Sí. A él además voy a verlo siempre que puedo. A veces también le envío algo de dinero, porque sé lo duro que es vivir en un centro de acogida. A mis padres también les remito unos 100 ó 150 euros cada tres meses.

P. ¿Ha pensado en regresar alguna vez a Marruecos?

R. No. Me considero ya un español más; tengo aquí a mi novia y empezaré a estudiar Informática en octubre.

P. ¿No le llamaron para recuperarle cuando se enteraron de sus marcas?

R. Varias veces, pero les dije que no estaba interesado. Jamás volveré a Marruecos, si no es de visita.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de septiembre de 2008