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CARTA A MIS COMPAÑEROS DE LOS ÁNGELES 84 | PEKÍN 2008 | Baloncesto

Se acabó el chollo

Queridos Juan Corbalán, doctor y mandón desde que era pequeño, Iñaki Solozábal, amante esposo y poseedor del secreto de la eterna juventud, Jou Llorente, sindicalista y experto en alimentación alternativa, Epi, de profesión sus negocios y sufridor como yo de Andrés Montes, Matraco Margall, la muñeca incorrupta del baloncesto español, Abuelo Arcega, el maño más famoso después de Agustina de Aragón, José Beirán, hombre de hielo y terapeuta mental de deportistas, Andrés Jiménez, genuino representante de la cofradía del cocodrilo en el bolsillo y tan raro como entrañable, Lagarto De la Cruz, futuro president del Consell Insular y descubridor de talentos mientras tanto, y Fernando Romay, omnipresente televisivo y ONG andante:

Estos chicos nos han mandado a lo más profundo del baúl de los recuerdos

Se nos ha acabado el chollo. Han sido 24 años maravillosos, en los que pasamos de héroes cuando ganamos la medalla de plata a otros calificativos más rimbombantes como leyendas o mitos. Nuestras figuras, con el transcurrir del tiempo y ante la sequía que comenzó el mismo día que nos subimos al podio de Los Ángeles, fue creciendo hasta el punto que nos llegaban a colocar virtudes que, sin pecar de falsa modestia, tampoco nos merecíamos. Empezamos siendo muy buenos y terminamos siendo hasta muy guapos, cosa que, salvo algunos casos como el mío, sabéis que no se corresponde con la realidad. Yo sé que no todo el mundo ha aprovechado de la misma manera aquel tremendo éxito. Pero supongo inevitable que todos en una o en muchas ocasiones hemos tenido que contar cómo fue aquello, cómo ganamos a Yugoslavia en las semifinales y, sobre todo, qué se siente al jugar contra Michael Jordan. Nos han obligado a exprimir la memoria y revelar que 20 minutos antes de la final estábamos sacándonos fotos en el vestuario de los Lakers con las taquillas de Magic o Kareem de fondo mientras nos leían un montón de telegramas llegados desde España y que nuestra sorpresa fue mayúscula cuando 5.000 personas nos fueron a vitorear en el aeropuerto de Barajas. O a confesar que nuestra Olimpiada terminó en el momento que derrotamos a Petrovic, Dalipagic y compañía y que nuestra preparación para la gran final fue inexistente, pues teníamos claro que nuestras posibilidades rondaban el cero por ciento. Bien. Todo esto se ha terminado. Lo que intuimos hace casi diez años cuando en el Mundial júnior de Lisboa aparecieron unos chavales tan especiales se ha confirmado. Nos han mandado a lo más profundo del baúl de los recuerdos. Ya no somos LOS ÚNICOS.

Hasta aquí las malas noticias. Pero en la adversidad siempre existen puntos de esperanza. Os propongo hacer de este enorme y merecido éxito de nuestros sucesores algo en lo que hemos tenido bastante que ver. Es el momento de engancharnos otra vez al carro, pues, como todos sabéis, este equipo se parece mucho al nuestro. Llevan muchos años juntos, se lo pasan bien, les gusta compartir juego, cartas y lo que haga falta, resultan muy solidarios entre ellos, son ganadores por encima de todo y se relacionan interna y externamente con una tremenda naturalidad. Desconozco si hacen güijas para saber el resultado antes de un partido importante, como aquélla de Colombia en vísperas del tercer y cuarto puesto frente a Yugoslavia, o si, espero que no, dan por perdida la final de antemano. Pero son nuestros descendientes y, aunque los padres de Ricky Rubio sean más jóvenes que nosotros, su triunfo también es el nuestro.

Esperando veros pronto, sabiendo que os habéis alegrado tanto como yo de lo ocurrido y pidiendo que la salud os acompañe, pues estamos llegando a edades bastante respetables, se despide vuestro leal compañero que nunca tendrá una palabra crítica hacia vosotros, salvo cuando no estéis presentes.

Un abrazo. Juanma, el de la perilla.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 24 de agosto de 2008