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Catástrofe aérea en Madrid

Ifema revive el 11-M

El pabellón número 6 vuelve a convertirse en una gran morgue

El Pabellón de Muestras número 6 de Ifema volvió a convertirse, cuatro años después del 11-M, en el tanatorio de las grandes tragedias. A las 19.17 entraba en este recinto ferial la primera furgoneta de los Servicios Funerarios. A partir de ese momento, el goteo de vehículos mortuorios no cesó.

Poco tardaron en presentarse los primeros familiares de las víctimas. Una pareja llegaba a pie a la verja del pabellón. Apenas pudieron balbucear unas palabras ante los guardias de seguridad. Sobraban las explicaciones.

Unos 50 forenses intervienen en la identificación de cadáveres

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Un total de 80 trabajadores sociales y psicólogos del Ayuntamiento más los servicios de la Cruz Roja acudieron para atender a los allegados de las víctimas. Un nutrido grupo de profesionales se ocupaba de aplicar el protocolo de atención a los afectados. Se designaba un portavoz por cada familia para que procediera a la descripción de los rasgos físicos del desaparecido ante los servicios forenses. Con estos datos se buscaba entre los cadáveres, prólogo del reconocimiento directo por parte de los familiares.

Avanzada la noche, el dolor se acentuaba en Ifema. Una enfermera de la Cruz Roja empapada en lágrimas se retiró a un banco metálico a unos 50 metros de la puerta norte del recinto. Desconsolada, no pudo seguir con su labor. Dos compañeros se acercaron a darle ánimos. A las 23.35 llegaron dos autobuses, uno de ellos de la EMT, con familiares de las víctimas que fueron atendidos por miembros de la Cruz Roja. En el interior, un jefe de psiquiatría que ya prestó sus servicios en el 11-M coordinó la asistencia. "Las familias acuden muy afectadas", dijo. "Son momentos duros. Pero se nota que todo está mejor organizado que en el 11-M, se ha aprendido de aquella experiencia". A la una de la madrugada un avión con 178 familiares de las víctimas y varios miembros del Gobierno de Canarias, fletado por Spanair, aterrizó en Barajas procedente de Gran Canaria. Un autobús trasladó a los familiares a Ifema, acompañados siempre de un equipo sanitario y de apoyo de la Cruz Roja.

A las 0.55 el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que acudió a dar el pésame a los familiares, intentó abandonar el recinto pasando desapercibido. La enfermera desconsolada seguía sentada en el banco metálico.

La esposa del comandante Antonio García Luna, quien iba a los mandos del avión siniestrado, comentaba horas después del siniestro: "Aún no sé nada de mi marido. Estoy pendiente del teléfono toda la tarde. ¿Usted tiene alguna información?". Alterada, aunque sin perder nunca la compostura, se disculpó para colgar. "Lo siento, tengo que dejar la línea libre por si me llaman". La pareja reside en Palma.

Laudencio García, concejal de Cultura en el Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana, y Claudio Ojeda, franciscano procedente de una misión en Camerún en la que ejerce desde hace nueve años, están entre las muchas víctimas canarias del accidente. El caos, la tensión, la tristeza y, en especial, la falta de información desesperó a familiares y amigos en las salas habilitadas en el aeropuerto de Gando (en la isla de Gran Canaria), hacia donde debía dirigirse el avión de Spanair que se estrelló en Madrid.

La Delegación del Gobierno en Canarias, en coordinación con personal de AENA, Cruz Roja y de la compañía aérea, organizó en el aeropuerto canario un dispositivo de emergencia. Durante toda la tarde, medio centenar de médicos y psicólogos atendió a más de 350 personas.

El accidente movilizó al decanato de los juzgados de Madrid, que activó el plan de emergencia para catástrofes. El decanato trató de localizar al máximo número de forenses disponibles para que se desplazasen a Ifema y ayudasen en las tareas de identificación de víctimas. Cerca de 50 forenses, algunos de otras comunidades, se ofrecieron voluntarios.

Del levantamiento de cadáveres se ocupó el juez que estaba ayer de guardia, Javier Pérez, que estuvo acompañando en todo momento por fiscal de guardia, Lorenzo Bernal, y del fiscal jefe de Madrid en funciones, Emilio Valerio.

No será fácil identificar a todas las víctimas, precisaban ayer por la tarde fuentes jurídicas, mientras veían en directo el horror que se vivía dentro y fuera de los restos del aparato. Y es que apenas un tercio de los cadáveres estaban completos. "Y de éstos, algunos carbonizados", subrayaron estas fuentes. Para sus pesquisas, el juez Javier Pérez ordenó a la policía científica tomar fotografías e imágenes del lugar del accidente y de la ubicación de las víctimas en torno a la fragmentada nave.

La prueba del ADN es fundamental para identificar a muchas de las víctimas, dado que muchas de ellas están carbonizadas y sus cuerpos mutilados, según avanzaron los citados medios judiciales.

Información de José Antonio Hernández, Joseba Elola, Álvaro de Cózar, Jerónimo Andreu y Manu Menéndez, José M. Pardellas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 21 de agosto de 2008