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Francia demanda una respuesta coordinada de la UE ante la crisis

Fillon quiere que los ministros de Economía debatan medidas en septiembre

La crisis ha dado un serio aviso a la economía europea, cuyo PIB retrocedió en el segundo trimestre, algo inaudito desde que se creó la zona euro (1999). La recesión llama a la puerta y Europa rebusca en el armario qué ponerse para capear la tormenta que viene: la política monetaria, en manos del Banco Central Europeo (BCE), está atenazada por el repunte de la inflación. Y muchos países rondan o superan ya los límites que marca el tratado de Maastricht (3% del PIB en déficit, 60% en deuda pública) a la política fiscal. El Gobierno francés, que se reunió ayer de urgencia para analizar la inesperada marcha atrás de su economía (en el segundo trimestre, su producto inferior reculó un 0,3%), elevó el tiro: "Debe haber una respuesta coordinada de los países europeos ante la crisis", exhortó el primer ministro francés, François Fillon.

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Tras el encuentro con los seis ministros del Ejecutivo francés más ligados a la actividad económica, Fillon enfatizó que era "indispensable" la coordinación europea, y que Francia, que ocupa la presidencia de la UE hasta finales de año, propondrá que se ponga en marcha la discusión sobre medidas conjuntas "durante la próxima reunión de los ministros de Finanzas de la UE", que tendrá lugar en Niza los días 12 y 13 de septiembre. "Tenemos un espacio económico común, una moneda común", recalcó el primer ministro francés para descartar un plan de reactivación nacional "que sería artificial, cuando se necesitan reformas estructurales", sólo abordables en el ámbito europeo.

Fillon negó de forma reiterada que Francia esté en recesión (según la definición académica, hay que encadenar dos trimestres de retroceso económico) y se amparó en el Banco de Francia, que auguró ayer un crecimiento del 0,1% del PIB en el tercer trimestre, para descartar que vaya a haber recesión este año. Pero los datos del supervisor francés son sólo una primera estimación basada en los indicadores de julio, que apunta a un estancamiento para el último tramo del año.

Tanto el Banco de Francia como varios analistas sitúan el crecimiento para 2008 en el 1%, muy por debajo de la horquilla (1,7%-1,9%) que maneja el Gobierno. Pero Fillon no quiso modificar ni esta previsión, ni el objetivo presupuestario, que se fijó con una estimación de crecimiento del 2,25%. La meta de situar el déficit por debajo del 3% del PIB sólo se podrá cumplir a base de una congelación del gasto público mayor que la anunciada.

Fillon admitió la "congelación parcial de algunos de los créditos" previstos en el presupuesto de 2008, que rondarían los 5.000 millones de euros. Al mismo tiempo parece comprometida la entrada en vigor del RSA, un subsidio que pretendía incentivar la reinserción en el mercado laboral de personas que cobran ya una compensación por desempleo muy superior al salario mínimo, o las nuevas medidas de fiscalidad ecológica.

Para Fillon, el retroceso se explica por la conjunción de la crisis financiera internacional con "el déficit de productividad" de las empresas galas. El Gobierno francés niega la necesidad de un plan de choque contra la crisis, plan para el que no dispone de margen de maniobra, y aboga por continuar su programa de reformas y por impulsar una respuesta europea. "Reactivar la actividad a través del gasto público no es ni posible, ni deseable, ni eficaz", dijo el primer ministro francés, obviando que algunas de esas reformas, como la supresión del IFA (impuesto que grava un tercio de las empresas francesas) o las ayudas al transporte para asalariados tendrán que esperar a 2009.

El acercamiento a la crisis de los gobiernos de Francia, Alemania o Italia, las principales economías de la zona euro (las tres retrocedieron en el segundo trimestre) es bien distinto al del gobierno español. Ni Francia ni Italia, con presupuestos desequilibrados, apuestan por el gasto público para alimentar un plan de choque. Y Alemania confía en que el traspiés sea pasajero y en que las exportaciones de su industria vuelvan a tirar del carro.

El Gobierno español, acuciado por un frenazo económico mucho más brusco (pese a todo, en el segundo trimestre aún avanzó un 0,1%), y con más margen en sus cuentas públicas (el superávit llegó al 2,25% del PIB en 2007) sí ha tirado de medidas de choque, como la deducción de 400 euros en el IRPF, además de acelerar su programa de reformas.

El presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, también ha tenido un papel muy activo en las reclamaciones al BCE para que baje sus tipos de interés (4,25%), exigencia que repitió la semana pasada. Fillon eludió esta vez el tema -es una demanda habitual del Gobierno francés-, pero la petición de una política monetaria más relajada se extiende: ayer fue la asociación de cámaras de comercio que representa al empresariado británico la que solicitó al Banco de Inglaterra que recorte sus tipos (5%) para evitar que Reino Unido entre en recesión en la segunda mitad del año.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 19 de agosto de 2008