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Reportaje:PEKÍN 2008 | Natación

"Ha sido divertido"

El nadador de Baltimore confiesa que se acordóde una profesora que le dijo que nunca triunfaría en la vida

Michael Phelps se secó el agua, se colgó el octavo oro y, en pleno delirio de felicidad, escaló las gradas hasta donde estaba Debbie, su madre, regordeta, y sus hermanas, Hilary y Whitney. Entre las tres, hace 16 años, lo llevaron a una piscina por primera vez. Ahora él emergía del agua como el gran tiburón blanco de los Juegos de Pekín, en el paroxismo de la gloria olímpica. Abrazados, los cuatro rompieron a llorar con desgarro.

El chico de los suburbios de Maryland, el hijo de los hillbillys que emigraron desde los Apalaches hasta la gran ciudad, había soñado toda su vida con seguir los pasos de Mark Spitz, el héroe olímpico de 1972. Spitz consiguió nueve medallas de oro en dos Juegos sucesivos (dos y siete). Phelps acababa de ganar su oro número 14 y la mente se le nublaba en un torrente de imágenes atropelladas. "Me acordé de una profesora de literatura inglesa", confesó, "que me dijo que yo no triunfaría en la vida".

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A sus 23 años, casi sin saberlo, en Pekín, en el aislamiento aséptico del Cubo del Agua, Phelps se despidió de la primera parte de la juventud. "Todo lo que nos propusimos con mi técnico, Bob Bowman, lo conseguimos", dijo; "quisimos hacer mis mejores tiempos y ganar las ocho finales. Aquí he podido hacer realidad todos los sueños. Ha sido divertido. Desde los trials, he pasado los dos meses más divertidos de mi vida. Vivir en la Villa Olímpica fue grandioso. He podido conocer a Federer, a Nowitzki y a Nadal".

Phelps exhibió una mirada sombría. "No sé realmente cómo me siento en este momento", dijo; "hay tantas emociones y tanta excitación que tengo ganas de estar con mi mamá". "Me llevo cada gorro, cada par de gafas, cada bañador, todos los recuerdos que puedo", añadió; "mis mejores recuerdos corresponden a mis momentos fuera de la piscina, con mis compañeros. Ahora mismo veo cada una de las carreras. Cada instante. No quiero olvidarme de nada de lo que me ha pasado".

El héroe habló como si supiera que el olvido equivale a la muerte. Acto seguido, como intentando olvidarse del olvido, pasó a señalar que su empeño es hacer con la natación lo que Tiger Woods hizo con el golf: un deporte popular. "Si no hubiera sido nadador, habría vivido en el mundo real", admitió; "con un trabajo normal en el que probablemente no daría la talla. Como nadador, creo que he puesto a este deporte en otra órbita, al menos en Estados Unidos. Me han dicho que en el estadio de los Ravens 70.000 personas vieron la final del relevo. He escuchado que hicieron un anuncio en el de los Yankees cuando gané los 100 mariposa. Ha sido una locura". Sobre su futuro en las piscinas, observó que no tiene claro el programa hasta Londres 2012: "Me gustaría acortar el repertorio y dedicarme a las carreras de 100 metros", reconoció; "pero Bob

[Bowman, su entrenador y descubridor] no está muy entusiasmado".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 18 de agosto de 2008