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Reportaje:música

Björk cierra su 'Volta' en Almería

Fallece una asistente en el cámping

Daniel Cherene hizo 13 horas de guardia al sol para asegurarse el mejor sitio en barrera y verle las pestañas a Björk. "En Las Ventas esperé toda la noche y me quitaron la primera fila", recuerda. No se pasó de listo. Media hora antes del concierto, avanzar desde la fila 17 era ya misión imposible.

Pero también desde allí las sardinas sudorosas parecían llegar al éxtasis. Es lo que tiene la islandesa Björk, esa voz cristalina rodeada de músicos de fábula que erizan la piel de Jorge (cresta y camiseta agujereada) y Maribel (polo de marca), codo con codo. Ambos acudieron fieles a la llamada de la diva, que culminó el pasado viernes y tras 17 meses la gira mundial de su último álbum, Volta, en el festival Ola! de El Ejido (Almería).

La islandesa usó su tablero electrónico con objetos para producir sonidos

Se desconocen las causas de la muerte de una mujer en el recinto del festival

Björk saltó al escenario acompañada de una corte de coristas y músicos de viento que arroparon su privilegiada voz. Estandartes, banderolas con animales dibujados y barroco posmoderno en el escenario. De fondo, la luna casi llena iluminaba una colina repleta de invernaderos.

Descalza y frente cubierta de maquillaje colorista, la islandesa logró que, como siempre, absortos los oídos, los ojos se fueran para su mirada felina y su vestido, esta vez rosa y plateado, lleno de volantes galácticos.

Fueron 78 minutos vibrantes. Temas más recientes, como Earth intruders, combinados con clásicos, como Pagan poetry o Bachelorette, cuyas cascadas sonoras culminó con un remate circense. "¿Qué tal? It's my spanish for you!", concedió entre canciones. Guiños, los justos. Tenía enfrente a 17.000 jóvenes y papás modernos seducidos por seis discos de melancolía y vanguardia. Mayoría aplastante de indies patrios, chicas en biquini y "hombres muy estrafalarios", escrutaba Elle Pander, diseñadora de moda noruega.

La semana anterior, en los tres escenarios junto a la arena almeriense, se había instalado otra historia, el festival electrónico Creamfields, con The Chemical Brothers de cabeza de cartel. "Estos del Ola! son mucho menos desfasados y fiesteros. Hace una semana había que echar a los golfos a palos de la barra a las nueve de la mañana", comparaba el camarero granadino Manuel García. Pero aún era temprano y apenas estaba atardeciendo el viernes.

Björk se llevó la palma con su Reac table, un tablero electrónico exclusivo con objetos para producir sonidos. Un aparato que escupe la pirámide electrónica que eleva sus canciones pop a otra dimensión, y que inspira la apoteosis. La que llegó con temas como Hyper ballad, coreados por el personal. Mientras, Björk recorría el escenario como una adolescente, sin parar de brincar y alzando las manos al cielo para invocar a los dioses. ¿Dónde quedaron sus 43 años? "¡Te quiero hasta muda!", le gritó un admirador exaltado mientras un mar de confeti blanco cerraba su actuación de los temas más políticos de su carrera.

Cuando la banda Islands tocaba con el sol aún alto, sólo formaban filas un centenar de jóvenes. La inmensa mayoría de los surfistas estaba chapoteando en la playa, comiendo, bebiendo y luciendo moreno. Poco después dio la nota el guitarrista de MGMT, con taparrabos negro, y piel entre blanquita y rosada. Su banda de Brooklyn arrojó con tino temas como Electric feel y se explayó con el popular Kids, mientras deshacía una madeja de lana naranja que convirtió el escenario en una tela de araña rockera.

Más tarde, fue el turno de Goldfrapp, todos de blanco inmaculado excepto la sirena Allison Goldfrapp. Su voz aclaró por qué su estilo es ahora más orgánico y menos electrónico. La puesta en escena era bizarra: cuernos de arce y búhos para arpas y teclados retro. Temas como Seven tree o el famoso Oh la la la sonaron de traca.

Antes de que Massive Attack dieran un compacto despliegue de trip-hop, Kula Shaker se asomó al escenario. "Los tengo clavaditos aquí", decía Jordi mientras se señalaba el pecho. Hace ocho años, este groupie barcelonés se quedó estupefacto cuando en el Festival de Benicàssim el carismático cantante Crispian Mills decidió un día antes de su concierto que se iba a meditar al Tíbet. Y hasta ayer. Los temas sonaron furiosos, rápidos y contundentes. Rock alternativo de escuela británica. Efectivos y excepcionales esa noche, ya que no tocaron ni un botón en cachivaches electrónicos y no se salieron del guión indie.

A la última cita de la fiebre festivalera acudieron menos melómanos de lo previsto. Tres escenarios, chiringuitos futuristas de grandes marcas, áreas de descanso... pero sobre todo se agradeció la falta de colas. "Todo correcto, pero al festival le falta alma", criticaba María, veterana de citas veraniegas. La madrugada fue más electrónica, y 2Manydj's levantaron el ánimo como artesanos de los samplers.

El festival se vio ensombrecido por la muerte de una mujer en el cámping del certamen. La mujer, de 34 años, falleció a las 5.15 del sábado. Las causas de su muerte se desconocen a la espera de la autopsia. Una portavoz de la productora Sinnamon, organizadora del Ola!, rehusó valorar el grave incidente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de agosto de 2008