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Me cago en mis viejos | viajes

DÍA 1

Qué vacile cagarme en mis viejos así, por escrito, públicamente, en un periódico (en un periódico de gran tirada, que diría el viejo), cagarme en ellos desde el mismo diario que leen, llevo viéndoles leer este puto periódico desde que comencé a andar. Qué gusto, qué flipe, qué gozada sobre todo que no sepan que soy yo el que se caga en ellos, el que se va a cagar en ellos (si Dios quiere, que diría mi abuela) durante todo el mes de agosto, día a día, porque no pienso hacer otra cosa, ya que me han obligado a venir a este pueblo de mierda (no lo digo yo, lo dicen los de aquí), cuando lo que quería era quedarme en Madrid, solo, solo en casa, solo sin ellos, solo sin nadie, solo, todo un mes, quince días al menos, solo, solo, solo, solanas, no sé lo que es eso, estar solo y hacer lo que me salga de.

Me han suspendido la selectividad, de la que me habían permitido examinarme por si sonaba la flauta

Me han suspendido la selectividad, de la que me habían permitido examinarme por si sonaba la flauta, y ya tengo 18, soy mayor de edad, además de un inútil (repetí segundo) y dicen mis padres que hasta aquí hemos llegado. Me piré de casa dando un portazo, porque estaban empezando a taladrarme, y caí en la de Javi, El Risas, mi colega, cuyo viejo, que trabaja en EL PAÍS, escuchó desde el otro lado de la puerta cómo me cagaba en mis padres y entró en la habitación para proponerme que me cagara con método, y cobrando, durante todo el mes de agosto. Con seudónimo, añadí yo, con expresión de hombre de negocios. Con seudónimo, dijo él, vale, a ver si eres capaz de cagarte treinta y un días seguidos en tus padres en vez de cagarte en el que te suspendió la selectividad. Iba a darme la brasa y le mandé a la mierda de buenas maneras, para no perder el curro (y la venganza) que me acababa de proporcionar. Y aquí estoy, en la habitación de siempre de la casa de verano de toda la vida, cagándome en mis viejos en 1.900 caracteres que son como 1.900 boñigas apestosas, mientras ellos creen que hinco los codos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 1 de agosto de 2008