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Editorial:

El PSC marca territorio

El congreso de los socialistas catalanes expresa sus diferencias con el PSOE y compite con CiU

Los socialistas catalanes han aprovechado su 11º congreso para marcar territorio y expresar sin estridencias excesivas sus diferencias con el PSOE, partido con el que están federados. El cónclave del PSC, celebrado el pasado fin de semana en Barcelona, ha discurrido en cuanto a lectura partidista interna por los cauces previstos, pero ha transmitido varios mensajes políticos claros: la apuesta por el federalismo anclado en España, más allá de la vocación del PSOE y que se plasme en una reforma de la Constitución; la voluntad de cumplimiento del Estatuto en cuanto que es una ley orgánica perteneciente al bloque constitucional, y la adhesión al partido hermano, pero sin perder de vista su intención de erigirse en organización hegemónica, en pugna con CiU, por la centralidad del catalanismo.

El socialismo catalán se halla en todos los vértices del poder en su territorio: controla la Generalitat, los ayuntamientos de las cuatro capitales catalanas y gobierna la mayor parte de municipios del área metropolitana de Barcelona. Como tarea pendiente sólo le queda ser la fuerza política más votada en las elecciones autonómicas, en las que CiU sigue siendo mayoritario, con 140.000 votos más que el partido que lidera José Montilla.

Quizá a partir de ahí el PSC ha colegido que debe tomar la senda del silencio o la moderación en los asuntos que generan polémica social y pueden actuar como drenaje de sus apoyos electorales. Mejor no hablar de aborto, eutanasia o del suave laicismo del PSOE, no sea que se asuste el valorado votante de centro. No es un ejercicio estúpido. Deja en manos del PSOE los imponderables ideológicos, mientras se reserva para sí el marcaje de un territorio federal capaz de atraer a ese público de CiU que no sabe ni ve hacia dónde se dirige el tren del soberanismo un tanto aventurero que tiene como fogonero a Felip Puig y como maquinista a Artur Mas.

La aritmética parlamentaria en el Congreso de los Diputados obliga al PSC a reivindicarse políticamente para evitar que sus compañeros del PSOE caigan fascinados ante las caídas de ojos de los 10 diputados de CiU. La dirección de Montilla ha conjurado de momento la creación de un grupo parlamentario del PSC que dejaría al PSOE convertido en segunda fuerza política, por detrás del PP. Ése es un dispositivo nuclear del que hace ostentación el PSC con sus 25 diputados, aunque se sepa de antemano que jamás puede ser utilizado: sería la destrucción mutua asegurada. Por eso, en este 11º congreso, el PSC ha reivindicado su papel, poniéndose el apósito antes que la herida, tal vez para evitar que CiU acabe pactando en La Moncloa la financiación autonómica, un déjà vu que tuvo prólogo de lujo con el recorte estatutario.

El PSC ha gestionado este congreso con mentalidad empresarial y con un claro mensaje para el mercado catalán del propio Montilla: "Los socialistas catalanes te queremos bien, pero aún queremos más a Cataluña y a sus ciudadanos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de julio de 2008