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DESDE MI SILLÓN | TOUR 2008 | 15ª etapa
Columna
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Bandera blanca

Nada más terminar la etapa, me entró el apetito. Tenía hambre de más, de más montaña, de más ataques, de más etapas como la que acababa de ver. Qué lástima que justo ahora llegue el día de descanso; los pobres corredores lo necesitarán, eso seguro, pero a mí, después de lo de ayer, me deja un poco frío el hecho de que hoy no haya etapa. Hoy es para ellos día de bandera blanca, de descanso entre las batallas más cruentas; la de ayer y las que se darán presumiblemente el martes en La Bonette y el miércoles en Alpe d'Huez. Pero, irónicamente, el transcurso de la etapa de ayer también se vio condicionado por la misma bandera (la blanca de la paz) que ondeó brevemente en un par de ocasiones.

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Bandera blanca. Frenazo, tregua y una autorreflexión: ¿estamos todos locos o qué? Bajaban el col del Agnello -mucho más temible por esa vertiente por la que descendían, la italiana- y desde el helicóptero se apreció un movimiento extraño en la fila de corredores a la entrada de un tornante. Lo que nosotros observamos en la vista cenital, muchos corredores lo vieron in situ con todo detalle. Y se les heló la sangre, y no precisamente por el frío.

Pereiro había chocado con el guarda-rraíl y se había precipitado por el barranco yendo a aterrizar en la misma carretera, pero en el tramo posterior a la curva. Atajó el tornante en un vuelo -literal- de unos cuantos metros y yacía inmóvil en el suelo. Sus compañeros se pararon a auxiliarle y el pelotón hizo lo mismo sumido en la reflexión: ¿por qué bajábamos tan rápido si todos sabíamos que abajo habría un gran parón? Preguntas sin respuestas que se repiten una y otra vez: siempre hay alguien que ataca cuando no hay nada en juego, siempre hay alguno dispuesto a seguirle, y otro a este segundo..., y al final todos detrás como borregos.

Por fortuna, lo de Pereiro sólo quedó en un gran susto; unos cuantos huesos rotos no son mal balance para lo que pudo haber sido. Y Gerrans, el ganador de la etapa, siempre recordará que el día que ganó en Prato Nevoso tuvo todo de su lado. Todo, incluso la suerte de que hubiese un parón inesperado en el pelotón que les concedió una ventaja que más tarde ya fue insalvable.

Ahora situémonos en la ascensión final a Prato Nevoso. El CSC exhibe su artillería desgastando al líder, a su equipo y a todos los rivales. Andy Schleck pone un ritmo tan exigente que Evans comienza a generar dudas. Prueban uno y otro; Sastre y Menchov. Unidos por una goma invisible, se van, pero vuelven a juntarse. Pero, en cierto momento, Menchov se va, se va, sí, definitivamente parece que se va... Pero entonces se va... al suelo. Entonces apareció por segunda vez la bandera blanca. Premio a la deportividad para el CSC, para el joven Schleck y para todos los que, pudiendo atacar, no atacaron.

Denis volvió, la carrera se activó de nuevo y al final Evans cedió tal y como venía apuntando. Y el CSC se llevó el premio gordo. No el del juego limpio -que también- sino el amarillo de Schleck que con tanto ahínco llevaban buscando. Que lo disfrute en la tregua de hoy porque da la sensación de que, de aquí a París, pocas treguas más nos vamos a encontrar.

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