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Tomatito se acredita como doctor en guitarra flamenca

El músico, que prepara su primer disco sinfónico, asombra en Flamenco Pa' Tós

Los doctores Ramón y Cajal, Marañón y Jiménez Díaz contemplan la escena con gesto adusto desde las paredes de la estancia. Esto es el Colegio de Médicos, pero el hombre al que ahora se dirigen las miradas no figurará nunca en las orlas que salpican las paredes de la institución.

José Fernández Torres también es doctor, pero en la especialidad de guitarra flamenca. Y en esa cátedra no hay plan de estudios; o se mama y se siente el instrumento, o no hay tu tía.

Falta aún hora y media para que arranque el concierto, pero los dedos de Fernández, esos dedos curtidos y fibrosos de Tomatito, son ya incandescencia pura. Dos elementos se mantendrán invariables durante la charla: el retrato de don Santiago no nos quita ojo y las manos de don José no dejan de trastear por el mástil. Está sólo enredando, pero muchos guitarristas matarían por tocar como otros juguetean.

"Actuar en Madrid siempre es serio", avisa el almeriense sin detener el punteo. "La expresión De Madrid al cielo la escuché por vez primera a los flamencos cuando yo era un chavalín de 13 años". La novena edición del festival Flamenco Pa' Tós, promovido por Gomaespuma con fines benéficos, le sirve al Tomate para calentar motores antes del 12 de septiembre. No, no será un día cualquiera. José actúa en el Matadero de Legazpi junto a la Orquesta Sinfónica de RTVE, con arreglos de Joan Albert Amargós, y de allí saldrá su próximo disco y DVD. "Ante 4.500 personas. Una cosa guapa", afirma.

Será una buena manera de celebrar su primer medio siglo de vida, que Tomatito alcanza el 20 de agosto. "No me lo creo ni yo, tendremos que tirar unos cohetes", proclama con guasa. "Empecé muy jovencillo en esto, pero he vivido los años tan a gusto que ni te enteras. ¡Me río yo de las crisis de los 40 y de los 50!".

Ha tocado con los más grandes, embelesó a jazzistas como George Benson o Pat Metheny, y ya estaba a la diestra de Camarón en 1979, cuando José Monje dictó esa lección magistral que fue La leyenda del tiempo. Podría sacar pecho por muchas cosas, pero a Tomatito le repelen los aspavientos. "No tengo tics, rituales, manías ni nada. Hay que tocar bien y ser feliz; lo demás son mentiras. Camarón fue el más grande y nunca hubo persona más humilde sobre la tierra. A él no le gustaban los egos, odiaba hacerse el teatrero. Espero que algo de ese espíritu se me haya pegado...".

Hijo, nieto y sobrino de guitarristas, Tomatito tenía ya cinco chiquillas pero no paró hasta lograr descendencia masculina. El heredero se llama José, evidentemente, y a sus 10 años ya apunta maneras. "Al principio me ponía desaborío con el niño", admite su mentor, "pero ahora me lo tomo con más calma, sin forzar. Mi padre tampoco me obligó a nada. Él sólo me dijo: 'Si tocas, sé de los mejores, no te quedes entre los mediocres'. Ésa es la enseñanza que ahora intento transmitir". Y desde las paredes, los óleos de nuestros prohombres parece que asintieran.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 26 de junio de 2008