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COLUMNA

Pan y libertad

Lo siento mucho, señorita, pero las matemáticas no son una opinión. La brillantez de uno de los mejores profesores que he conocido, se estrella cada día con la perversidad léxica de los economistas metidos a políticos. Entre la crisis y los malos datos coyunturales, caben la recesión, la desaceleración, el crecimiento moderado y la evolución inversa. ¿Qué hacer? Ir al Retiro, por ejemplo, y respirar.

Como muchas otras cosas muy antiguas, la Feria del Libro tiene dos aniversarios. Yo escojo el primero, no sólo para celebrar que, como casi todo lo bueno que tenemos, fue una institución republicana, sino porque me emociona pensar que la guerra no pudo con ella. En 1937 y en 1938, oficialmente no se celebró, pero hay fotos de puestos en las calles rotas, fotos de gente que sonríe entre los escombros con un libro sobre el pecho. Era otro Madrid, desde luego, y otros madrileños, que reivindicaban el 2 de mayo de 1808, el pueblo en armas contra el invasor, desde una posición muy distinta al empacho de nacionalismo barato que padecemos este año. Lo demás es como el comienzo de un álbum de Astérix. De aquel Madrid no queda nada. ¿Nada? ¡No! En el parque del Retiro, una aldea inexpugnable resiste todavía... Tenemos Rivas todo el año, y en primavera, la Feria, donde libreros y editores sonríen porque, por una vez, los reyes de los coches y los emperadores del ladrillo padecen una crisis que ellos no conocen. Al menos, no todavía.

Un libro es una vida entera, un telar donde los hilos de la vida tejen por la mañana lo que destejerán cuando caiga el sol. Los libros son pan y libertad, el veneno dulce del conocimiento, la alegría temblorosa de las emociones, esperanza donde no la hay, futuro para un presente enfermo. En junio, además, los libros son Madrid. Y Madrid, un lugar donde sólo se podrá vivir mientras siga habiendo libros

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 9 de junio de 2008