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Los Rockefeller quieren que Exxon luche contra el cambio climático

Los descendientes de John Rockefeller han plantado cara a Rex Tillerson. Quieren que su puesto al frente de Exxon Mobil, ahora desdoblado en el de presidente y consejero delegado, tenga responsables distintos para evitar que pueda bloquear la lucha contra el cambio climático. La iniciativa no prosperó, al contar sólo con el apoyo del 40% de los accionistas que participaron en su junta anual en Dallas.

Exxon Mobil es la mayor compañía del mundo en capitalización bursátil y una de las más rentables. La espiral en el precio del crudo reportó a la petrolera unas ganancias de 10.890 millones de dólares, un 17% más que en 2007. Sus ingresos ascendieron a 116.800 millones. El choque no estaba tanto en los números que presentó Tillerson, sino en su visión medioambiental.

La petrolera nació de la fusión en 1999 de dos entidades que surgieron de la disolución del imperio de John Rockefeller en 1911. Sus herederos aprovecharon ayer para pedir a Exxon que se adapte a la nueva realidad energética, y presionaron para que se destinen más dinero a la investigación de alternativas a los combustibles fósiles y se fijen objetivos de reducción de emisiones.

La voz de los Rockefeller no fue suficiente para convencer al resto de los propietarios, que rechazaron sus cuatro propuestas. Tillerson reiteró su compromiso por reducir el impacto medioambiental. Explicó que en los últimos cinco años se invirtieron 2.000 millones para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y mejorar la eficiencia energética. Exxon sumará 1.000 millones de aquí a 2010.

Sobre la división del cargo de presidente ejecutivo, en la información a los accionistas, Tillerson aguó cualquier iniciativa antes del voto, al afirmar que es el Consejo de Administración el que tiene la última palabra.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 29 de mayo de 2008