Entrevista:CENA CON... JOSÉ LUIS URIBARRI

"¡Esto para mí es el nirvana!"

José Luis Uribarri baja del taxi y entra en el hotel Continental con un maletín en la mano. Viene directo del estadio Belgrado Arena, donde se acaba de celebrar la última semifinal de Eurovisión. Es medianoche del jueves. Uribarri sale pitando hacia el piano bar del hotel. "O nos damos prisa o no cogemos sitio". Más razón que un santo. Minutos después, el local, con moqueta, piano y una vitrina llena de puros, empieza a llenarse de noruegos e islandeses celebrando copa en mano que han pasado a la final. En la mesa, Uribarri, de 72 años, se quita las gafas y pega los ojos a la carta. Viste camisa y pantalón negros, pulsera y cadena de oro y unas deportivas bastante modernas. Levanta la vista y pide "la parrillada, la parrillada". Abre el maletín y despliega sobre el sofá sus folios de trabajo, uno por cada país finalista, 25 en total. Están escritos a mano. Y empieza la clase magistral. "Lo que pasa con la actual Eurovisión está clarísimo", dice desplegando un mapa sobre la mesa, ajeno al ajetreo que se está montando. "¿Qué pasa de aquí a la derecha?", pregunta poniendo el dedo a la altura de Austria. "¿Ves todos estos países? Ante este panorama, ¿quién va a apoyar a España?", dice el comentarista, que esta noche volverá a alardear de su sabiduría geopolítica-eurovisiva. "Los países del Este están viviendo con Eurovisión lo que vivimos nosotros en los sesenta. Para ellos es el no va más, su plataforma turística y promocional. Nosotros ya no pintamos nada".

El histórico presentador de Eurovisión cree que hoy no nos salvamos

Corría el año 1969 cuando se estrenó poniendo voz a Eurovisión. La edición anterior la había ganado Massiel, por lo que España era el país anfitrión. "Se celebró en el Teatro Real y el derroche económico fue total", recuerda. Desde entonces, Uribarri ha presentado Eurovisión en 20 ocasiones. Sólo le gana un comentarista, Terry Wogan, de la BBC, "un tipo hosco, que llega el último día y se mete con los países; es muy distinto a mí". Sin embargo, ha estado alejado del festival durante los últimos cuatro años, más o menos el tiempo que lleva jubilado y dedicado a colaborar con una radio de Las Rozas, City FM, porque le mantiene "despierto". Así que no esconde que está feliz de volver a ser la voz del festival. "La gente se olvida de tus 20 años de telediario, de tus cinco años de éxito con Aplauso. El público te devora y van pasando etapas. Eurovisión ha sido mi cordón umbilical con la audiencia. Hacía cuatro años que no lo presentaba. Y ahora que llega este nuevo boom se vuelven a acordar de mí. ¡Para mí eso es el nirvana! Y aunque Chikilicuatre nunca ha sido mi favorito, lo apoyaré como apoyaré a la selección española aunque no juegue Raúl. Yo creo que han pensado en mí por el contraste, por mezclar a la voz "autorizada" con el Chikilicuatre".

Bip, bip. Uribarri recibe un SMS. Lo lee. "¡Bien!", grita. "Ucrania en el puesto 18º. Qué bien. El pulso que yo quería con Rusia...", dice para sí mismo, revolviendo sus papeles y recolocándolos según el orden en que actuarán en la final. Mientras lo hace, se olvida de todo. La parrillada se aburre en el plato. Luego vuelve a la realidad. Su favorita, quizá lo hayan adivinado, es Ucrania. Bueno... y qué opina el oráculo que sucederá esta noche. Que Serbia, Rusia y Ucrania estarán en los primeros puestos, Francia, Inglaterra y Alemania, en los últimos, que ganara el chiki chiki sería un milagro y que en España la gala la verán unos 6.800.000 espectadores. A la 1.30, Uribarri se despide entre escandinavos que siguen haciendo brindis. Su maletín, en la mano.

Piano bar del hotel Continental. Belgrado

- Parrillada mixta: 1.000 dinares.

- Ensalada de atún: 650.

- Dos cervezas Jelen: 720.

Total: 2.370 dinares serbios (29,42 euros)

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 23 de mayo de 2008.

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