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Entrevista:CARLOS | Condenado en diciembre | LOS DELITOS CONTRA LA SEGURIDAD VIAL

"Sigo esperando a que me llamen"

La mayoría de las condenas por delitos de tráfico obliga, a cambio de evitar la cárcel, a una multa, la retirada del carné y trabajos en beneficio de la comunidad. Casi 8.000 personas han sido puestas a disposición judicial desde la reforma penal de diciembre por conducir tras haber ingerido alcohol, circular a velocidad excesiva o sin tener carné. El atasco judicial y la falta de plazas para los trabajos sociales hace que estas condenas se ejecuten con cuentagotas.

A Carlos se le heló la sangre cuando después de una noche pasado de copas oyó el sonido de los barrotes de la celda al cerrarse. Allí, en una comisaría madrileña, estuvo confinado cuatro horas y media. EL PAÍS acudió a su juicio, a principios de diciembre, que duró cuatro minutos, y en el que fue condenado a una multa de 740 euros, la retirada del carné de conducir durante ocho meses y 40 jornadas de trabajos en beneficio de la comunidad.

La sanción económica la ha pagado en tres plazos: febrero, marzo y abril; el carné se lo confiscaron el 8 de febrero; pero de los trabajos nadie le ha dicho nada aún: "Sigo esperando a que me llamen". Y ya han pasado cinco meses desde que este latinoamericano, de 30 años, fuera detenido por circular en su coche por una acera de una céntrica calle de Madrid "poniendo en riesgo la vida de varios viandantes". El etilómetro marcó 0,70 miligramos de alcohol por litro de aire espirado.

Ahora, su trayecto diario hasta el trabajo se ha convertido en una condena en sí mismo. "Antes tardaba media hora y ahora una hora y 45 minutos". Así seguirá hasta octubre, cuando recupere el permiso. "Ahora se me ha pasado el susto", asegura, "pero al estar sin carné y sin coche te acuerdas todos los días".

Durante los próximos cinco años, en cualquier momento, puede recibir una llamada de los servicios sociales de Instituciones Penitenciarias que le comunique cuándo y dónde cumplirá los trabajos en favor de la comunidad. No sabe qué le gustaría hacer, pero sí a lo que prefiere no enfrentarse: "Espero no hacerlo con heridos, es una cuestión personal, yo no puedo con los hospitales".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de mayo de 2008