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Análisis:

Pobres

La familia Agudo Ortiz. La madre: de 42 años, divorciada, cobra 850 euros como conserje y paga 837 de hipoteca, lo que deja una renta mensual disponible de 13 euros. Los hijos: Elvira, de 21 años, peluquera en paro, vive en un piso de alquiler que no puede pagar; Roberto, de 17 años, trabaja como pintor y cobra unos 300 euros; por Iván, el pequeño, el ex marido paga una pensión de 120 euros.

Éste es el material con que se trabaja en Ajuste de cuentas (Cuatro). El asesor del programa, Vicens Castellano, tiene la misión de orientar a familias como los Agudo Ortiz. ¿Qué recomienda? Reducir gastos y aumentar ingresos. Como los Agudo Ortiz disponen de poco margen para economizar (Castellano no contempla opciones como la antropofagia o la búsqueda de restos comestibles entre las basuras), se les recomienda lo otro: que busquen empleos adicionales y trabajen más.

Entre los reality-shows, Ajuste de cuentas podría ser el más obsceno. Vicens Castellano podría recalcar algunas cosas. Como que la banca, enfangada en sus propios líos hipotecarios, recibirá la ayuda pública necesaria, porque la banca es imprescindible. Que la Bolsa recibe gigantescas "inyecciones" de fondos públicos, porque la Bolsa es imprescindible. Que la moneda es apuntalada por vigorosos tipos de interés. Que los ricos son imprescindibles. Y que ellos, al límite de la marginalidad, no son imprescindibles para nadie. Son simples residuos del capitalismo. En otra época fueron proletarios, la palanca de la revolución. Ahora vuelven a ser lo de toda la vida: pobres.

Confío en que este programa siga hurgando en la evolución de las familias. Que filme los futuros desahucios, la venta de los muebles, las humillaciones y acaso, si hay suerte, que nos muestre cómo recurren a la mendicidad. O cómo los más emprendedores se buscan la vida con la delincuencia. Ya que arruinan la buena imagen de nuestra economía social de mercado, que den espectáculo al menos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de mayo de 2008