Reportaje:36ª jornada de Liga

Pasillo al gran clásico

Real Madrid y Barça aparcan fiestas y cuestiones de futuro sabedores de que los clásicos siempre dejan cicatrices

Todo clásico es una cuestión capital, no hay distensión que valga, por mucho que el Real Madrid esté resacoso y el Barça, consternado. Desde el pleistoceno de la Liga ambas superpotencias dirimen algo más que los puntos en juego: cuestiones de orgullo y de estilo, distintas simbologías e identidades. Su bipartidista hegemonía no admite discusión en un país en el que entre ambos suman el 63,6% de los títulos disputados, 19 de los últimos 23. En este periodo sólo Valencia, dos veces, Atlético y Deportivo se han colado en su fiesta.

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Desde la época del dream team ninguno ha conseguido hilar más de dos Ligas consecutivas, los ciclos se han acortado. El Real Madrid celebra ahora su turno; el Barça ha dado carpetazo a la era Ronaldinho y se entrega ahora a Pep Guardiola, con lo que perpetúa su vocación cruyffista a partir del mejor eslabón deportivo y social de aquel inolvidable equipo.

Enganchados unos al presente y otros al futuro, el clásico no tolera distracciones. Para el Madrid, una victoria supondría un bis extraordinario para gozo de su ya extasiada afición. Con una derrota palidecería La Cibeles. El éxito ayudaría al Barça en su reconciliación con una militancia tan decepcionada. Sin las dianas de Ronaldinho, jubilado, y Rijkaard, en la sala de embarque, otro batacazo amplificaría la ira contra Joan Laporta, el presidente. Un mandatario que, como síntoma de la cordial relación entre las dos instituciones, estará en Chamartín junto a 13 de sus directivos. Todos invitados de honor al homenaje del gran adversario. Esta vez los directivos han estado por encima de algunos de sus futbolistas. Ellos, al menos, no se han borrado del mal trago de la gala ajena. Lo contrario que Deco y Eto'o.

En el otro bando, Bernd Schuster, que empleó ayer una sobrecarga de cinismo para justificar su injustificable corte de mangas a la afición de Osasuna, descartó por sorpresa a Saviola, titular en los dos últimos partidos, y no podrá contar con Cannavaro, expulsado en el Reyno de Navarra. Sí con Heinze, al que Competición perdonó ayer una tarjeta. Por ahora, el técnico ha desmentido a su presidente, Ramón Calderón, que vaticinó que el técnico se relajaría cuando lograra un título. Más que a un técnico campeón, en Schuster aún se visualiza a un ulceroso. Todo lo contrario que al resto de la plantilla, festiva por un trofeo conquistado con coraje, profesionalidad, y con un toque épico en Pamplona. Pero hoy, como el Barça con sus penalidades, tendrá que hacer un paréntesis. En sí mismo el clásico ya es un título en juego.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 06 de mayo de 2008.

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