VUELTA RÁPIDAColumna
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Un chico con suerte

Por más que uno pueda pensar que Jorge Lorenzo ha tenido mala pata, yo le considero un chico con suerte. Cuando uno ve repetido el accidente que tuvo el viernes, parece imposible que sólo se hiciera una pequeña fractura en un tobillo. Al estrellarse de rodillas contra el suelo desde tres metros de altura, lo más lógico sería que se las hubiera partido. Sin embargo, Lorenzo salió más o menos airoso del charco. Y no sólo eso, sino que completó una carrera increíble. Parecía inimaginable que fuera capaz de terminar cuarto en un estado físico tan apurado, con infiltraciones en los tobillos y dolor repartido por todos los huesos y músculos del cuerpo. Una caída como la suya no sólo afecta a la zona lesionada, sino que se refleja en todo el cuerpo. En estos accidentes, el piloto contrae todos los músculos, casi siempre demasiado, y este sobreesfuerzo se manifiesta en forma de dolor durante las horas posteriores a la caída.

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Es cierto que los deportistas tienen una mentalidad distinta de la del resto de personas, pero una caída así deja tocado a cualquiera aunque se llame Jorge Lorenzo y tenga tanto talento para poner en jaque a los demás pilotos de MotoGP en su primera temporada en la categoría. Precisamente por eso vale más la pena destacar la respuesta que ha tenido durante todo el fin de semana desde que tuvo el accidente.

Lorenzo se cayó el viernes por la mañana, durante la primera sesión de ensayos libres del gran premio, y se perdió la sesión de la tarde porque estaba en el hospital. En el entrenamiento del sábado por la mañana dio muy pocas vueltas, sólo para decidir si estaba en condiciones de tomar parte en la sesión de clasificación de la tarde. Y no sólo participó, sino que consiguió el cuarto mejor tiempo, algo que esconde un mensaje muy importante: una declaración de intenciones. Con esa demostración de valentía y de implicación, Lorenzo impidió que los miembros de su equipo se relajaran, les puso en guardia y les pidió el mismo compromiso que demuestra él cada vez que se sube a la moto. El equipo técnico, con Ramon Forcada al frente, respondió de maravilla.

No resulta nada fácil salir a disputar una carrera cuando estás en evidente desventaja respecto a los demás. Y no sólo físicamente, sino también en lo que se refiere al tiempo que has dedicado a encontrar la puesta a punto. Aun así, Lorenzo fue capaz de terminar cuarto. ¿Cómo habría acabado si no se hubiera caído el viernes? Mi opinión es que habría subido al podio seguro y puede que incluso hubiera peleado por la victoria. En cualquier caso, tenemos 14 carreras más para disfrutar del talento que tiene y que ayer le empujó hacia adelante en el momento más complicado. Rodando octavo, embotellado en medio del pelotón y siendo muy prudente con tal de no volverse a caer, Lorenzo se dio cuenta de que no estaba tan mal. Necesitó perder posiciones y tranquilizarse para darse cuenta de que rodaba cómodo, mucho más que los rivales con los que se estaba peleando. Podía mantener un mismo ritmo de giro que los pilotos que tenía a su alrededor sin estresarse tanto como ellos; cosas del talento. Cuando se convenció de que podía ir más rápido, comenzó a superar rivales y así se fue hacia adelante.

Ayer asistimos a la última exhibición de Lorenzo, un joven que madura una barbaridad a cada carrera que pasa porque nunca antes había competido rodeado de tanto talento. Lo que me resulta más sorprendente de todo es que, desde que comenzó el campeonato, apenas ha cometido errores. Aunque el viernes pudimos ver que, cuando se equivoca, también lo hace a lo grande.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 04 de mayo de 2008.

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