Columna
i

Homosexualidad y Semana Santa

Cuentan que a principios del siglo XX la hermandad de la Macarena tuvo un mayordomo homosexual que introdujo una serie de mejoras en la decoración del paso y en los complementos que llevaban los hermanos con lo que forjó una escuela manierista. Desde entonces hay una gran cantidad de homosexuales como mayordomos en las cofradías de la Semana Santa andaluza. Parece que la gente con tendencia gay tiene una especial sensibilidad para los arreglos florales, para la preparación de los pasos, para el cuidado de mantos y joyas. De manera natural se acercan a las hermandades y poco a poco terminan por hacerse con el control de la salida procesional desde el punto de vista estético. Alguna vez hemos contado la idea de las tres "íes" de un conocido periodista sevillano acerca de las ideas extremadamente conservadoras de las cofradías, de la veneración extrema a las imágenes por parte de los seguidores de cada hermandad, hasta el punto de que amplios sectores de la Iglesia reprueban esta forma de devoción popular. En último lugar, el interés de los homosexuales por todo lo que concierne a la Semana Santa, desde las vírgenes y los cristos hasta el último de los detalles. Es un hecho probado por lo que no resulta homófobo contarlo. Debe ser que al igual que los gays tienen una especial sensibilidad en otras facetas del arte o de la moda, en Andalucía volcaron su creatividad hacia las procesiones. En distintas cofradías andaluzas se han producido algunos sucesos vinculados a relaciones homosexuales censuradas por la Iglesia. Se da el caso de que la jerarquía católica es profundamente homófoba hasta extremos intolerantes. Consiente o mira para otro lado si en algunas cofradías hay responsables reconocidos por su condición homosexual más o menos larvada, pero al final sacan su verdadera cara de intransigencia y radicalismo. La Hermandad de San Esteban ha cesado a los modistos Vittorio & Luchino como vestidores de uno de sus pasos por haber contraído matrimonio conforme a la nueva ley. No los expulsan de la hermandad, pero dejan de vestir el paso por el mero hecho de haber contraído matrimonio. Se ve que la Iglesia prefiere que vivan juntos sin casarse, es decir, que vivan en pecado pero que no lo hagan de manera pública o que no desautoricen la postura de los obispos contra la ley. La hermandad se priva de la aportación generosa y desinteresada de dos eminentes modistos tan sólo por su condición sexual y por utilizar un derecho que les ofrece el Estado, el mismo que tienen los heterosexuales. No hay problemas en que homosexuales vistan pasos y dediquen su empeño y su talento a la Semana Santa siempre y cuando no utilicen sus derechos. Un ejemplo más de hipocresía. Lo que resulta extraño es que gente inteligente y culta como estos diseñadores sevillanos dediquen su tiempo a tamaña superchería, pero eso es otro asunto. Hay mucha otra gente de talento que profesan una pasión singular por todo lo concerniente a los desfiles profesionales, lo que me resulta igual de inexplicable porque a la postre la Semana Santa es un reducto de fanatismo idólatra.

La intolerancia de la Iglesia no escapa de ningún recoveco de la Semana Santa. Hace unos años, la cofradía del Nazareno de Cádiz expulsó como hermano al famoso autor de carnaval Antonio Martínez Ares por haber criticado al Papa. En cambio, la hermandad de la Macarena lleva el fajín del capitán general Gonzalo Queipo de Llano, el mismo que pedía a falangistas y militares rebeldes que violaran a las mujeres de los republicanos y que mandó matar a decenas de miles de andaluces. Parece que la Iglesia no tiene ningún problema en exaltar a un militar traidor y asesino pero sí lo tiene para quien expresa sus puntos de vista sobre el Papa o para quien vive su sexualidad en libertad y sin tapujos. Por eso no soy capaz de entender que gente inteligente y progresista puedan prestar atención a una expresión de religiosidad pagana en la que un reducido grupo de ciudadanos secuestra las ciudades andaluzas durante toda una semana.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 16 de marzo de 2008.