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Viento más pleamar

La mezcla dio poder destructivo a la tempestad del norte

"No fue un tsunami, ni un huracán, ni un tifón. Pero sí una tempestad que tuvo un efecto destructivo muy fuerte porque rompió contra la costa". Esta descripción, llena de racionalidad científica, es la más dramática que se le puede arrancar a Adolfo Morais, director de la Agencia de Meteorología del País Vasco, sobre la tempestad que ha causado innumerables destrozos en la costa norte de la Península.

"Las borrascas peores son siempre las que vienen del norte-noroeste. Y en este caso los vientos llegaron a los 120 kilómetros por hora, lo que se sintió sobre todo en las zonas más expuestas, como las cumbres o las costas", añade Morais. El fenómeno no es inusual, pero su efecto se agravó porque coincidió con la pleamar (la marea alta) y se mantuvo de manera continuada durante 24 horas, explica. El resultado: olas medidas en la costa de 11,4 metros en Pasajes, que se sumaron a unas mareas vivas [cuando el nivel del mar sube por el efecto de la luna] muy elevadas.

Ninguno de los factores es extraordinario, según Morais, y ni siquiera su combinación. "Hace cuatro meses hubo olas de la misma magnitud", indica el meteorólogo. En alta mar, las boyas de la agencia midieron alturas aún superiores. "La altura de ola significante [una especie de media del tercio más alto, un sistema de medida similar a los percentiles que se utilizan para seguir el crecimiento de los niños] fue de siete a ocho metros. En alta mar, a 10 millas de la costa, se midieron olas de hasta 18 metros", dice Morais.

Coches estampados

Las afirmaciones de algunos de los habitantes de la costa, los famosos "nunca había visto nada parecido" como los coches estampados o los muelles caídos, no le hacen mella. "No hay datos fiables de los últimos 20 años. Pero sí se puede ir a las hemerotecas y buscar testimonios gráficos", afirma. En su centro hicieron ese trabajo con los datos de 1850 hasta los noventa del siglo pasado. "En 1951 y 1956 hubo tormentas similares que causaron daños importantes", dice el director de la agencia.

Él, claramente, prefiere hablar de meteorología. "Alturas de las olas parecidas se dan entre uno y tres años", insiste. ¿Y los daños? "Eso hay que separarlo. Depende de si la ola entra en la ciudad".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 13 de marzo de 2008