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Sant Pere de Rodes

Cuentan que en el año 600 un grupo de religiosos que huían de Roma llegaron en barco a las costas del cabo de Creus llevando consigo un tesoro singular: un brazo y la cabeza del apóstol san Pedro. Para que las reliquias no fueran profanadas, los clérigos las escondieron en una ladera de la montaña de Verdera, desde la que se divisa un bello paraje. Siglos más tarde, en ese lugar se levantó Sant Pere de Rodes, un monasterio que con el tiempo se convirtió en un gran centro de peregrinación.

Sant Pere de Rodes está considerado el ejemplo por excelencia del románico catalán y su iglesia es una construcción única en su estilo. En sus alrededores están los restos bien conservados de la iglesia de Santa Helena y del castillo de Verdera, en ruinas. La ruta hasta Sant Pere ofrece unas de las vistas más maravillosas del Empordà (a cualquiera que no tenga vértigo) y se llega por carretera desde El Port de la Selva o por la otra parte de la montaña, desde Vilajuiga. En todo caso son docenas de graciosas curvas hasta llegar arriba. Vale la pena ver la bahía desde allí. Enclavado en el parque natural del Cap de Creus, el visitante puede encontrar numerosas rutas señalizadas para ir a pie o en bicicleta (aseguro que la gente sube en bicicleta, a pesar del fuerte desnivel propio de una etapa de montaña del Tour).

Una de las rutas atraviesa el pueblo de la Vall de Santa Creu, un núcleo rural de una treintena de casas, la mayoría de ellas segundas residencias. Durante la caminata el excursionista se topará con unas originales construcciones de piedra, una especie de refugios para pastores y el ganado. Unas construcciones que tienen un nombre: los Corrals de Marcelet, y antes de completar el itinerario circular con salida y llegada también en Sant Pere de Rodes, el collado de Perer, situado a unos 430 metros, ofrece al caminante una de las más bellas panorámicas de la costa catalana. A un lado, se observa el monasterio de Sant Pere de Rodes y el cabo de Creus; al otro lado, se extiende el golfo de León, desde Llançà hasta Portbou. Y otro dato: desde el collado de Perer la ruta se une con el sendero GR-11, la gran ruta que une el océano Atlántico con el Mediterráneo a través del Pirineo. Sólo un contratiempo: esta ruta puede convertirse en impracticable para los ciclistas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 05 de marzo de 2008.

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