Reportaje:

El baile de los pasos perdidos

26 ayuntamientos se alían para rescatar las más de 30 danzas gremiales, sus músicas, sus coreografías y sus trajes blancos, que languidecen en Galicia

Había que ver aquellas fiestas del Corpus de hace siete siglos. En Santiago, sin ir más lejos, salían los azabacheros, los correeros, los pedreros, los carpinteros, los armeros, los zapateros, y así hasta 12 gremios danzantes, cada uno con su coreografía y sus músicas, cada uno más fastuoso que el precedente, porque la rivalidad era de veras enorme. La cofradía de los plateros sacaba por delante una docena de gitanas engalanadas; la de los herreros abría el paso con 50 arcabuceros; la de los carniceros traía un rey pintado de negro y todo un séquito de indios; los sastres salían blandiendo espadas; los tejedores se acompañaban de 20 mozas bailando con panderetas; los barberos, de una docena de salvajes danzantes y un par de penlas... ¡Ay!, las penlas, que triunfaron en Redondela, y en toda Pontevedra, y enseguida impusieron moda en muchas villas de Galicia.

Franco prohibió estos bailes porque "pervertían" las fiestas religiosas
La ley no se plantea recuperar las danzas, sólo registrarlas si están moribundas
La memoria de Primitivo da Bouza ha ayudado a salvar la danza de Güín

Tanto gustaba a los gallegos del 1.500 ver girar las penlas que, entrado el siglo XXI, esas niñas de cuatro años, vestidas de ángel y aupadas de pie a hombros de marineros (o de unas mujeres llamadas "burras"), siguen protagonizando una de las danzas más conocidas y una de las pocas con futuro asegurado. En la Redondela de las penlas, precisamente, se celebró hace un mes la primera reunión de ayuntamientos que conservan alguna danza gremial. Allí estuvieron representados 12 municipios, y acordaron quedar para un segundo encuentro, que tuvo lugar (con 16 ayuntamientos) hace ocho días en Celanova, un concejo también danzante que conserva la coreografía de Vilanova dos Infantes en honor de la Virxe do Cristal. En esta cumbre, se pergeñaron unos estatutos y se acordó crear la Asociación Galega de Concellos con Danzas Brancas, un nombre que hace referencia al color del traje básico, común a todas ellas. En las próximas semanas, los asistentes y otros municipios bailarines que no pudieron estar llevarán a sus respectivos plenos el ingreso en el colectivo.

En Boborás, por ejemplo, ya se aprobó el viernes pasado. Y, con su ingreso, este ayuntamiento orensano también acordó respaldar la iniciativa por la que el foro de Celanova instó a la Xunta a modificar la Lei do Patrimonio Cultural de Galicia, que apenas dedica tres de sus 99 artículos al patrimonio etnográfico. Con esta norma, según Antonio Piñeiro, técnico de Cultura de Celanova, "lo único que hace la consellería es garantizarles las exequias a estas tradiciones, porque sólo promoverá su estudio, nunca su recuperación, cuando estén en peligro de muerte".

Si cumpliese su propia ley, la Xunta debería llevar años desbordada de trabajo. La tradición de las danzas gremiales ha desaparecido de casi toda Galicia y sólo se conservan 33, en formol o aún respirando, en pequeños enclaves de 26 municipios. La costumbre se ha ido muriendo, aquí y allá, a la par que sus bailarines. Hay aldeas en las que sobrevive el recuerdo de los pasos y las melodías ya sólo en la cabeza de un vecino que hace mucho colgó el sombrero de flores y espejos, las cintas de colores, la ropa blanca. La memoria de Primitivo da Bouza y Evaristo Dobaño le ha valido al Ayuntamiento de Bande para rescatar la danza de Güín, que volverá a bailarse, promete, "entre este año y el que viene".

Antes, como la mayoría de los bailes gremiales, la danza de Santiago de Güín era cosa de hombres. Y en concreto de hombres solteros. Pero ahora, como faltan figurantes, en casi ningún lugar (la excepción es Laza) se les hacen ascos a las mujeres. Es tal la sequía de pies dispuestos a ejecutar los bailes que en muchas partes ha sido necesario recurrir a los niños, y no para el papel de penlas, sino para el puesto adulto que antes ocupaban los artesanos, pescadores y labriegos. Allariz, por ejemplo, según explica la concejala Teresa Devesa, ya ha empezado a entrenar a los cativos en la danza dos paus e o trenzado del gremio de los sastres.

El mes que viene habrá una tercera reunión para aprobar las normas definitivas y en septiembre se celebrará el primer congreso gallego sobre esos bailes blancos que fueron prohibidos por Franco acusados de "pervertir" las fiestas religiosas. Allí estarán A Cervela de O Incio, las cuatro danzas que aún conserva Betanzos, la de Os Arcos de Camariñas, la de Xuvencos de Boborás... ¡Y las Penlas!

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