Reportaje:Debates

Obama y Hillary dan una lección a Solbes y Pizarro

El debate entre los candidatos demócratas de EE UU fue más ágil y espectacular que el de los economistas españoles

Si hubiera que medir la grandeza del debate que mantuvieron el jueves en Antena 3 el vicepresidente económico, Pedro Solbes, y el número dos en las listas del PP, Manuel Pizarro, con el debate que horas después, transmitido por la CNN y CNN+, sostuvieron en la Universidad de Tejas los candidatos demócratas a la presidencia de Estados Unidos, Hillary Clinton y Barack Obama, habría un claro ganador. Sería como comparar las damas y el ajedrez, el futbito con el fútbol, la Liga española de baloncesto con la NBA. Incluso alguien que no sepa hablar ni español ni inglés optaría por la vitalidad del modelo estadounidense.

De poco sirvió que Solbes esgrimiera ante la cámara gráficos con datos económicos. La cámara seguía inmóvil, sin acercarse, ajena -por oscuras razones que los expertos de cada partido sabrán- a cualquier avance desarrollado en materia de zoom desde los últimos 50 años. De poco sirvió que el debate en España lo condujera uno de los profesionales de mayor reconocimiento. Tal y como se desarrolló el asunto, lo podría haber moderado un notario o un árbitro de baloncesto. El PP y el PSOE llevan semanas negociando las condiciones de unos debates donde el moderador parece un mero distribuidor del tiempo asignado.

En Tejas, los tres moderadores nunca olvidaron que son, ante todo, periodistas
En Madrid, el debate lo podría haber moderado un notario o un árbitro

En Tejas, sin embargo, los tres profesionales que ejercían de moderadores nunca olvidaron que son ante todo periodistas. Preguntaban y repreguntaban. Cuando uno de ellos quiso saber si Clinton se reuniría con el jefe de Estado de Cuba en funciones, Raúl Castro, la senadora se marcó una respuesta de varios minutos, pero no contestó. El periodista no se arredró, le dejó hablar y volvió a preguntarle: "Muy simple. ¿Se reuniría usted o no con Raúl Castro?".

En Tejas, cuando el tiempo dedicado a la sanidad expiró y una moderadora se lo hizo saber a Clinton, la senadora le dijo que no quería pasar a otro tema sin replicarle a Obama. Sin problemas. El debate duró 90 minutos. Y hubo de todo: buenas caras al principio, tensión, distensión y reconciliación final.

En Madrid, el debate se dividió en tres bloques de 20 minutos. El protagonista indirecto parecía el cronómetro, siempre a la vista del espectador. Un político soltaba el discurso que ya tenía bien preparado y el otro le respondía con otro bien memorizado. Ganó el que traía mejor discurso y lo presentó con mayor solvencia. Apenas quedaba espacio para la improvisación, la exposición espontánea de convicciones, el pulso desnudo de argumentos que haga olvidar a los espectadores de que detrás de cada uno de los dos contendientes hay un batallón de asesores.

El moderador de Antena 3 Matías Prats confesó: "Yo creo que nunca ha habido un moderador que trabajara menos que yo... y seguro también que, a pesar de las diferencias que han mantenido los dos, se han planteado de forma moderada".

En Tejas, rodeados por cientos de militantes demócratas, Clinton y Obama también se expresaron con moderación. Pero eso no impidió que se quitaran la palabra cuando lo vieron necesario.

En Madrid, los expertos economistas del PSOE y el PP se situaron frente a frente, ante un atril. Pero apenas se miraban. Solbes sólo levantaba la cabeza a la hora de hablar. Escribía mientras Pizarro se dirigía a él. Como si le hubieran dicho que así ocultaría el ojo semicerrado por una reciente infección, o como si le hubieran recomendado hacerlo para ningunear a Pizarro o ponerlo nervioso.

En Tejas, los dos aspirantes se sentaron codo con codo, de cara al público. Y el público aplaudía, como en el programa 59 segundos, reía o abucheaba, como cuando Clinton acusó a Obama de ensalzar el cambio con discursos que plagiaba directamente de otros políticos demócratas.

Es cierto que en Estados Unidos hay una tradición muy arraigada de debates. A los niños se les echa a nadar desde bien pequeños en el río de la oratoria sin miedo al ridículo. Unas elecciones sin debate entre dos aspirantes a presidente sería como escatimarle algo al votante. En España hace 15 años que los candidatos a presidente no se dignan a mantener un debate. Clinton y Obama llevan ya 19.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0022, 22 de febrero de 2008.